Morocotas y Huevos. Aventuras de la Moneda Criolla


 



En las aventuras de la moneda criolla, los que fijan el juego son los pulperos y bodegueros

Por Oscar Yanes

Morocotas y Huevos

Si en aquellos años alguien hubiera creado un Banco Central, las gallinas y los gallos hubiesen sido miembros del directorio. No es un chiste. El huevo fue unidad monetaria de Venezuela. Las únicas que podían controlar esa emisión eran las gallinas. En Caracas y en otras regiones del país era normal escuchar el grito de la madre:

-¡Muchacho, ve a la pulpería y dile a don Roberto que me dé “un huevo de mantequilla y otro huevo de papelón”! Pero apúrate porque tienes que ir pa’ la escuela. Y la señora entregaba entonces dos huevos para el trueque. Pero mucho antes del huevo fue la perla la gran moneda venezolana.

En La vida caraqueña en doce mapas, recordé que el intercambio de Santiago de León era con la isla de Margarita. Los barcos y canoas van y vienen de ordinario de la isla de Margarita y Cumaná y “traen sal de Araya y mercadurías de España y perlas con que pagan lo que aquí se vende”.

Los venezolanos de hoy han olvidado que en aquel caserío llamado Caracas los nativos de Margarita fueron quizás los primeros “fenicios” criollos y regresaban a la isla después de haber adquirido con las perlas maíz, carne, tocino, quesos, sebo, miel y otros productos, mientras algunos vecinos de Caracas se convierten en los primeros “agentes viajeros” de tierra firme, pues compran a los margariteños artículos como mantas y hamacas y “los llevan a los pueblos de la tierra adentro y allá los venden a oro”.

Hubo una época en Venezuela de “despelote monetario”. Había en el país libre circulación de monedas extranjeras. La más celebre de todas: la morocota, que tiene de venezolano lo que yo tengo de holandés: era una pieza de oro norteamericana de veinte dólares.

Morocotas

Tomas Stohr, en su libro Monedas de Venezuela refiere: “Durante más de cuarenta años, prácticamente, no hubo moneda nacional de plata. Como sustituto se encontraban en el país monedas de países europeos y americanos, y a nivel local florecieron las fichas de comercios y haciendas”. Estas fichas “eran legales” en comercios y fincas para adquirir comestibles; fueron prohibidas por el gobierno del general Medina, ya que obligaban al trabajador a comprar todo en la pulpería de la hacienda.

Al huevo ya no lo respeta nadie como unidad monetaria, pero la morocota, extraordinaria pieza de colección, sigue inspirando respeto. Según Julio Calcaño en su obra El castellano en Venezuela, “Este nombre le fue dado a la onza americana por el general José Tadeo Monagas, cuando por primera vez se recibió dicha moneda en Caracas”.

En las aventuras y desventuras de la moneda criolla los personajes más importantes que fijan las reglas del juego son pulperos y bodegueros vendedores de comestibles y hoy en día ante la pintoresca “reconversión monetaria” que resucita locha y puya creo que serán los factores fundamentales para el “jujú”.
Se acerca una “reconversión” peligrosa en un país como este, en donde la gente suma, resta y multiplica con una sola regla fundamental: la viveza criolla; y además, no sabe dividir equitativamente.

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