El Cono Monetario


 



Nota: Gracias al autor del articulo RAFAEL DÍAZ CASANOVA por mencionar nuestro sitio monedadevenezuela.net en su interezante trabajo.
Articulo publicado en el Diario el Universal el 13 de abril de 2012



RAFAEL DÍAZ CASANOVA | EL UNIVERSAL
viernes 13 de abril de 2012 03:30 PM

Se llama “cono monetario” al conjunto de monedas que existen y circulan simultáneamente en un país y que se describen en orden ascendente o descendente.

En Venezuela, la historia de las monedas es fascinante. Podemos leer un trabajo que describe la evolución de las monedas en Venezuela en el sitio web www.monedasdevenezuela.net/ donde están descritas con mucho detalle las incidencias monetarias en las diferentes etapas políticas de la nación.

Los comienzos de Venezuela encuentran que las monedas que circularon eran las de los países que nos poblaron. En aquellos tiempos se acuñaban las llamadas monedas macuquinas, cuya característica fundamental es que eran acuñadas a mano y por lo tanto eran irregulares. También se utilizaron las monedas de curso legal de España, Francia e Inglaterra.

Cono Monetario
La primera moneda que se reconoce como acuñada en Venezuela es un octavo de cobre de 1802.

El general Antonio Guzmán Blanco, mediante ley del 31 de marzo de 1879 establece como unidad monetaria el bolívar de plata que se hace de obligatoria circulación el 1 de julio de ese mismo año.

Desde entonces y hasta 2007 es ese bolívar de plata la moneda que usamos los venezolanos, aunque en los últimos años ya no era de ese metal.

Sin entrar en los detalles interesantísimos de la evolución de nuestra moneda y sus equivalencias, debemos resaltar que la estabilidad de nuestro signo monetario fue una de las mejores de todos los países latinoamericanos.

El cono monetario que se diseñó estaba formado por monedas de cinco, dos y un bolívar y fraccionarias de un real (0,50) un medio (0,25), una locha (0,125) y una puya (0,05). Hubo, en la emisión inicial de 1879, monedas de veinte céntimos y en la de 1971, monedas de diez céntimos. Anotemos que la locha se puede considerar un tributo al sistema métrico y monetario inglés, pues es allí donde encontramos las fracciones de octavos. Resaltemos también que nunca se acuñó monedas de un centavo.

Los billetes que se imprimieron eran de quinientos, cien, cincuenta, veinte y diez bolívares.

Antes de que el Banco Central de Venezuela asumiera la emisión de monedas en 1941, las casas comerciales y los bancos, emitían billetes que respaldaban con sus activos.

Más adelante y como tributo a la devaluación monetaria que comenzó en febrero de 1983, se han acuñado e impreso muchas monedas que prostituyeron nuestra economía. Recordamos los tristemente célebres billetes de uno y dos bolívares, impresos en papel “bond” y que recibieron el nombre de su promotor. Se emitieron monedas y billetes de cinco bolívares, más tarde aparecieron los billetes de grandes ceros, mil, dos mil, cinco mil, diez mil bolívares, etc.

También y por la misma razón se acuñaron monedas de diez, veinticinco, cincuenta, cien y quinientos bolívares. Todo un aquelarre.

El 6 de marzo de 2007 se promulga la ley que obliga a partir del 1 de enero de 2008 la circulación del inicialmente llamado bolívar fuerte. Para la fecha en la que entró en circulación la nueva moneda el cambio era de dos mil ciento cincuenta bolívares antiguos por dólar norteamericano, es decir, dos bolívares fuertes y cincuenta céntimos.

El cono monetario decretado entonces se compuso de monedas de un bolívar, cincuenta céntimos, veinticinco céntimos, doce céntimos y medio, diez céntimos, cinco céntimos y un céntimo. Y se imprimieron billetes de dos bolívares, de cinco bolívares, de diez, veinte, cincuenta y cien bolívares.

Hoy, cuando Venezuela está sometida a un absurdo control de cambios que ubica las relaciones legales entre cuatro treinta y algo cercano a seis bolívares por dólar, nos encontramos que las piezas monetarias tienen valores que comienzan en unos diecisiete dólares el billete de cien bolívares y un bolívar que es apenas dieciséis centavos de dólar norteamericano.
Las monedas fraccionarias no tienen sentido y para cancelar cualquier factura cotidiana hace falta lo que el pueblo llama, una paca de billetes. Estamos, monetariamente, arruinados.
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