Monedas comunales se debaten entre la perversión y el amparo al desempleo


 
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Artículo Publicado en el Diario El Carabobeño el 11 de Agosto de 2014.
Por Dayrí Blanco

En este artículo se presenta la entrevista realizada a la Profesora Yoskira Cordero por la Periodista Dayrí Blanco, publicada en el Diario El Carabobeño el 11 de Agosto de 2014 (Artículo Original)

En la comunidad Urachiche de Yaracuy, un kilo de papas puede costar tres lionzas. En Boconó, Trujillo, por cada plátano hay que pagar un momoy, y en Falcón un corte de cabello puede equivaler a cinco zambos. Sí, son monedas distintas al bolívar creadas para estimular el intercambio de bienes, servicios y saberes en ámbitos geográficos específicos y muy locales. Se usan para obtener lo que se necesita mediante un sistema de trueque social, que así como otorga beneficios, se puede tornar perverso al amparar el desempleo.

El bolívar, moneda que rige el sistema económico del país desde 1879 y que tuvo una modificación “fuerte” en 2008, ahora le ha tocado convivir con 12 monedas comunales que existen desde 2007 ante el desconocimiento de muchos, el escepticismo de algunos y la expectativa de otros.

La dinámica es sencilla, similar a la empleada al ir a un comercio común. En Socopó, Barinas, un comprador le entrega al vendedor un ticoporo, quien a cambio le da un kilo de caraotas. Más tarde, él podrá usar esa moneda para adquirir algún producto o servicio que necesite y que esté dentro del mercado.

Así funciona ese trueque moderno. Pero hay ciertas condiciones. Los compradores también deben tener productos para ofertar, de esta manera, los participantes en el mercado son llamados prosumidores por su doble condición de productores y consumidores en la actividad.

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Los mercados no son como cualquier comercio ni están abiertos a diario. Se trata de ferias de trueque organizadas por el Ministerio de Economía Comunal que se instalan sin una frecuencia determinada. Ahí los funcionarios entregan a cada prosumidor una dotación de monedas que son utilizadas durante el intercambio. Una vez concluido el evento, las especies monetarias son recogidas y los participantes se van a casa con los productos obtenidos en el trueque.

En las ferias son convocados todos los que forman parte de la comunidad donde se va a realizar. En su mayoría son personas con siembras pequeñas en el patio de su casa que no cuentan con un puesto de trabajo fijo. La idea de este canje colectivo apoya el concepto del desempleo al darle la oportunidad y facilidad de obtener lo que se necesita sin la condición de tener dinero para ello. Por eso ha sido calificado como un sistema perverso por especialistas como Yoskira Cordero, directora de la escuela de economía de la Universidad de Carabobo.

Se genera un incentivo de trabajar cada 15 días o una vez al mes, según sea la frecuencia de la feria. La actitud puede ser muy conformista: “tengo algo seguro, voy a poder obtener lo mínimo que necesito, no importa que no tenga dinero y sigo tranquilo”. No existe un esfuerzo real como el de la actividad económica y productiva en la que se invierte, se pagan salarios y se pretende permanecer en el tiempo y crecer.

Cuestionamientos

Existen muchos aspectos en términos de economía a criticar de este programa. La lógica de distribución de precios no responde a un sistema de mercado, porque no se le da el valor a cada uno de los productos según su proceso y su costo de elaboración.

Al entregarle una cantidad determinada de monedas a los prosumidores, se rompe con el método de billetes y monedas conocido, y que es generado por el Banco Central de Venezuela (BCV), respaldado por las reservas internacionales y por la actividad productiva del país. En el momento que se recogen las monedas cuando se termina la feria, se vulnera el concepto de ahorro, y se expresa de forma clara el subsidio del Estado, porque el dinero que se entrega se invierte dentro de la misma comunidad, no se puede gastar en otro lugar ni genera beneficios económicos.

Alrededor de las monedas alternativas existen ciertas teorías de economía social que establecen que no tienen capacidad de oxidación porque no generan intereses. Son monedas hechas para gastarse en el instante. No se puede guardar.

Cordero, quien además es docente de política monetaria, señaló que la alternativa puede ser favorable como programa de atención a estratos bajos, para cubrir sus necesidades básicas, pero se puede volver un instrumento peligroso cuando pasa a la frontera del interés político, donde se cree una moneda para simplemente cuestionar la realidad del sistema al estar en contra de cómo se distribuyen los recursos.

Hay experiencias en Canadá, Holanda, Gran Bretaña, España y Argentina donde las monedas alternativas se han convertido en un arma de protesta para contrarrestar el poder económico que mantiene el mercado en el mundo, y que altera el estado de bienestar y acaba con el valor de propiedades y activos.

Cronología

Durante el Gobierno de Hugo Chávez, en el 2006 inició la configuración de lo que llamaron la estructura hacia el camino socialista. Esa idea entró de la mano del trueque como una alternativa desde el punto de vista populista de atender a las comunidades basados en el concepto de comunas. Ese año se organizaron los primeros eventos de feria en Catia, Caracas, donde se empezó a armar lo que era un experimento.

En 2007, bajo la coordinación del Instituto Nacional de Desarrollo de la Pequeña y Mediana Industria (Inapymi), se crearon las primeras tres monedas comunales: la lionza, empleada en el primer mercado de trueque realizado en Urachiche, Yaracuy; el zambo, correspondiente a la Confederación de Consejos Comunales José Leonardo Chirinos de Falcón; y el momio, facilitador de intercambio de Boconó, Trujillo.

Pero fue en 2008 cuando comenzó a tomar fuerza. Ese año se incorporaron siete nuevas monedas: el ticoporo de Socopó, Barinas; la paria, de la Península de Paria en Sucre; el turimiquire del sistema de trueque Bioregión Turimiquire, en Monagas, Sucre y Anzoátegui; el cimarrón, de Barlovento, Miranda; el tamunangue, del sistema de trueque Saquito Larense; el relámpago del Catatumbo, de Perijá norte y sur, en Zulia; y los guaiqueríes, de Paraguachoa en Nueva Esparta.

En 2009, se creó solo el cóndor en Mérida; y en 2014 el zamorano grandeza del tuy, del sistema de trueque Kirikire de Miranda.

Con la toma de posesión del Gobierno en 2013, las ferias de trueque se han visto fuertemente disminuidas. Y durante este año son prácticamente nulas las que se realizan.

A las monedas comunales no se les ha dado continuidad porque padecen el síndrome de todos los programas sociales del mundo. No existe el monitoreo ni la supervisión necesaria. Cordero aseguró que si le hicieran seguimiento durante un año, con frecuencia semanal, ya habría resultados deseables con la incorporación de más prosumidores y la diversificación de los bienes y servicios ofertados.

En Carabobo se hicieron dos intentos de feria en la zona sur de Valencia durante el 2010, pero no tuvo mayor trascendencia. En el mundo existe una variedad de monedas alternativas. Desde 1988, 136 países han tranzado de esta manera, y se han cuantificado 465 ejemplos de monedas complementarias.

Piso legal

El primer intento de respaldo legal fue en la propuesta de la reforma a la Constitución en 1999, incorporando el artículo 112 que reza el apoyo al poder comunal creando mejores condiciones para la construcción colectiva y cooperativa de una economía socialista.

En la Ley de Economía Comunal se incluye la figura de los prosumidores, y en la del Fomento del Desarrollo de Economía Popular del 2008, se autoriza a las autoridades productivas regionales a crear su propia moneda de intercambio.

Desde el 2009 había una petición para que el BCV fuera el emisor de las especies monetarias. Pero no quedó aprobado, porque confundiría el rumbo y la estabilidad de la moneda de curso legal que es el bolívar.

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