“NO TENGO REAL”… El interesante origen de una frase muy venezolana


 
Sin Real



En Venezuela, para declarar la falta de dinero solemos usar la expresión “no tengo real”. Aunque hay otras voces para el mismo fin: “Estoy sin cobres”, “ando pelando”, “no tengo plata”, entre otras, que el lector quizá conozca y pueda compartir con nosotros. En estos días se la escucha con más frecuencia y malestar, pesando en los labios de millones de paisanos, que ven su patrimonio desaparecer como un soplo, por culpa de una inflación de tres altos dígitos. Divaguemos un poco, inquiramos, por qué nosotros, a diferencia de otros países, exponemos con estas palabras nuestros bolsillos vacíos.

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La moneda del Rey

A partir del Siglo XIV, durante el reinado de Alfonso XI de Castilla, se acuñaron en España las primeras monedas de plata con el nombre de REAL, pasando a ser la unidad monetaria ibérica por muchos años. El real español, a lo largo de sus dilatados cinco siglos de historia, tuvo como múltiplos las piezas de 2, 4 y 8 reales; como submúltiplos, las de medio y el octavo de real, todas batidas en plata de muy buena ley.

Llamar real a una pieza pecuniaria no era detalle cualquiera, certificaba que era la moneda oficial del reino, emitida y avalada por el Monarca. En la época en la cual vio la luz el real, era común que en un determinado territorio circularan dineros de diversos países, incluso de particulares. Señores feudales, comerciantes, joyeros y cambistas, podían generar metálico para usarlas como medio de cambio, siendo estas aceptadas y valoradas de acuerdo a la calidad del mineral contenido en ellas, su peso y la reputación del fabricante. PERO, EL REAL ERA, LA MONEDA DEL REY.


Acuñada en el Nuevo Mundo

Con el descubrimiento de América, y la explotación de sus riquezas, la corona española pudo aumentar la emisión de dinero, gracias a la abundancia de plata en las minas de sus dominios coloniales. En ese entonces, el valor de una moneda, estaba determinado exclusivamente por la calidad y la cantidad del metal en ella contenido (valor intrínseco), por lo que un Rey no podía generar numerario si no tenía mineral para fundir. En ciudades cercanas a los yacimientos del metal se fundaron cecas (casas de moneda), siendo la primera de ellas la de Ciudad de México y con posterioridad las de Lima (Perú) y Potosí (Bolivia), entre las más notables.

La plata de América viajaba en las embarcaciones españolas en forma de monedas, sobre todo en su denominación de ocho reales, el muy célebre “real de a ocho”. Circulando por todas sus colonias (incluyendo Venezuela), Norteamérica, Europa y Asia. El real de a ocho fue una divisa de aceptación universal hasta el siglo XIX, como lo es el dólar en la actualidad, por la pureza de su contenido de plata. Incluso fue moneda de curso legal en Estados Unidos, conocida como dólar español, hasta la prohibición de su uso por ley en 1857.

De España, los americanos heredamos también su unidad monetaria, como no podía ser de otra manera, llamando real a nuestras primeras monedas.

Sin Real


Pero… ¿Por qué en Venezuela se dice “no tengo real”?

Antonio Guzmán Blanco decretó al bolívar como moneda de curso legal en nuestro país en el año 1879, sustituyendo al venezolano, creado por ley en 1871, que fue nuestro primer intento por unificar todos los medios de cambio en una sola unidad de cuenta monetaria. Ambas, el bolívar y el venezolano, fueron obra modernizadora del Ilustre Americano, al igual que la fundación de la Casa de la Moneda de Caracas en 1886. Ya el venezolano tenía el aspecto de nuestro bolívar actual, el retrato estilizado del Libertador hecho por el grabador francés Albert Desiree Barre en el anverso y el escudo de armas en el reverso.

Entretanto fuimos colonia española circuló como dinero el real español, hasta 1821, fecha que marca el fin de la guerra independentista en territorio de Venezuela y nuestra emancipación. A partir de esa fecha, la naciente república debió generar su propio dinero, pero no cambió la denominación anterior, siguió siendo el real pero con el calificativo de venezolano (el real venezolano).

La mayoría de los países de Latinoamérica, una vez alcanzada su libertad, emitieron moneda cuya unidad fue el peso, y este peso lo subdividieron en una determinada cantidad de reales. Los reales eran pues el sencillo, suelto o calderilla. Venezuela, también tuvo su peso, equivalente a diez reales. Si tomamos en cuenta que la masa monetaria para el siglo XIX en nuestro país era más bien escasa y el alto poder de compra del dinero para la fecha, podemos imaginar que en las transacciones cotidianas circularan más comúnmente las monedas denominadas reales, quedando los pesos para intercambios de mayor monto. De la duración durante siglos de la palabra real para designar a la moneda de uso habitual viene entonces decir, en buen venezolano, “no tengo real”, para manifestar rotundamente la falta de dinero.

Desde su aparición las fracciones del bolívar son los céntimos, abandonando la denominación de “real”, para el sencillo de la moneda nacional, hace ya más de 100 años. Aunque a la monedita de 0,50 céntimos de bolívar se le bautizara como “un real” y a la de 0,25 céntimos como “un medio” en relación a la anterior, es decir, medio real (siendo en realidad un cuarto de bolívar).

Y, con real y medio comprábamos una una chiva, una burra, una gata, una lora y siempre teníamos el real y medio. Recordándonos la canción de nuestra infancia que hubo una época en la cual la moneda de Venezuela fue verdaderamente fuerte.

La costumbre hizo luego su trabajo, y real quedó grabado en el habla criolla como sinónimo de dinero, y también para decir “no tengo real”, en los días como los que nos ha tocado vivir en los últimos años en nuestro país.

REAL Y MEDIO


NOTA: Agradecemos la colaboración de éste artículo al Econ. Héctor Jiménez, @13CarpeDiem13

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