REMESAS Y MIGRANTES… Ajustes a las desigualdades de la economía global


 
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REMESAS Y MIGRANTES… Ajustes a las desigualdades de la economía global por Yoskira Cordero



La economía política (clásica, neoclásica y marxista incluso), identifican tres factores de producción: La tierra, el capital y el trabajo. El factor trabajo se entiende como toda actividad humana que interviene en el proceso transformador que hace uso de la tierra y el capital para la generación de bienes y servicios que satisfagan las necesidades del consumidor. La mano de obra, calificada o no, ha devenido en ser catalogada por las últimas generaciones de economistas como capital humano y el discurso de la ciencia administrativa y gerencial lo hace protagonista del éxito económico de la empresa y de las naciones. La teoría económica liberal postula dogmáticamente la libre movilidad de los bienes y el capital como garantía del crecimiento económico, sin embargo cuando se trata del factor trabajo, de la mano de obra, del capital humano; pesan más las consideraciones políticas y de otra índole para poner obstáculos y levantar barreras (físicas, sociales y jurídicas) a la autonomía de desplazamiento de la población entre los países origen y destino del migrante.

Más allá de los términos técnicos y científicos que hacen referencia a los millones de seres humanos de todo el mundo que deciden cruzar fronteras en busca de un futuro mejor para sus familias, es bueno nunca olvidar el drama detrás de cada uno de ellos, que incluye riesgos e incluso peligro de muerte.

DERECHO A EMIGRAR:
Está reconocido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos en su artículo 13, que reza: “Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país incluso el propio, y a regresar a su país”.
Incluso la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) reunida el año 2000, decretó el 18 de diciembre como DÍA INTERNACIONAL DEL MIGRANTE, como una manera de exaltar la movilización humana en el planeta como un derecho inalienable.

Emigrar no es viajar ni hacer turismo, muy pocos dejan su país y sus familias con gusto, por el contrario lo hacen a su pesar, motivados quizá por algunas de estás razones:
>Elevado crecimiento demográfico (en países de origen) que incrementa el número de personas en edad de laborar superando con creces la dinámica de generación de puestos de trabajo bien remunerado, haciendo escasas las oportunidades de crecimiento profesional y desarrollo personal.
>Bajo crecimiento y envejecimiento acelerado de la población en los países destino.
>Alta demanda de mano de obra, calificada o no, por parte de economías en auge.
>El diferencial salarial entre las industrias de los países origen y destino de los migrantes, que hace atractivo incluso para un profesional emplearse como obrero porque recibirá en comparación un ingreso superior a sus colegas no emigrados.
>La comparación entre el valor y estabilidad en el poder de compra entre los países de origen y destino de la migración. En economías con procesos inflacionarios crónicos los trabajares terminan considerándose mal remunerados porque al cambiar su paga por bienes y servicios notan una disminución de su poder adquisitivo, comprando mes a mes menos con su mismo ingreso.
>Además de los anteriores motivos, estrictamente económicos, pueden considerarse también varios de tipo político (dictaduras o regímenes violadores de los derechos humanos), sociales (inseguridad personal y violencia), bélicos (guerras o conflictos internos).

Los flujos migratorios son procesos dinámicos y la preponderancia de éstos causales así como los países origen y destino de los migrantes varían con el tiempo. En todo caso la migración representa una fuerza compensadora de las desigualdades en la distribución de la riqueza a nivel global.

LA DIÁSPORA VENEZOLANA:
Venezuela, otrora país destino de migrantes se ha convertido en los últimos 10 años en país origen. Se estima que 1.600.000 venezolanos viven actualmente fuera de su país, 350.000 de ellos en los Estados Unidos, con “colonias” importantes en España, Chile, Argentina, Panamá y Colombia. Las causas por las cuales los venezolanos dejan su país no son sólo económicas, sino que de acuerdo a diversos estudios se incluirían: La inseguridad personal (una de las tasas de homicidios más altas del mundo), inseguridad jurídica y descomposición institucional profunda (falta de independencia de los poderes públicos, presos políticos), deterioro de los servicios más elementales, básicos y necesarios (como la educación, la salud, la electricidad, el agua potable, el aseo urbano) lo que ha desmejorado enormemente la calidad de vida, corrupción generalizada e impune, y quizá la más acuciante, la incertidumbre en cuanto a la superación y desenlace de la crisis sociopolítica en curso. La combinación de éstos y otros factores ha hecho que el Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa haya afirmado en octubre de este año 2015 que Venezuela sufre un proceso de “putrefacción social”.

Remesas, la otra cara
Normalmente el país origen de migrantes ve compensada su perdida de pobladores con la transferencia de recursos enviados a sus familias desde el exterior por parte de los emigrados, las llamadas remesas. Las mismas son un importante vínculo con su país de origen por parte de los migrantes. A su vez, los gobiernos de los países de origen, apoyándose en su sistema financiero y en las nuevas tecnologías de información y telecomunicaciones, buscan facilitar las transferencias de recursos desde el exterior disminuyendo trabas, mejorando la seguridad y abaratando los costos de transacción de dichos envíos. Igualmente los países de origen asumen como política de Estado favorecer las condiciones de vida de los nacionales que han decidido emigrar, a través de firmas de acuerdos con los principales países destino para facilitar los trámites de obtención de visas y permisos de trabajo, así como velar con celo que los familiares no emigrados reciban las remesas enviadas.

Remesas y migración son dos caras de la misma moneda. Su importancia radica en que las remesas representan un importante desplazamiento de recursos desde países ricos a países pobres o en crisis económica o política. Esta transferencia de dinero entre países es creciente año a año y en el 2014 se estima que a nivel mundial alcanzó la cifra de 435 mil millones de dólares, según datos del Banco Mundial, siendo los mayores receptores de las mismas China e India (69.000 y 60.000 millones de dólares), son también estos dos países los que más nacionales tienen repartidos en el mundo (con cifras que rondan los 14 millones, en ambos casos).

El ingreso de recursos por remesas mejora las condiciones de vida de las familias receptoras de las mismas y en el agregado beneficia al país en su conjunto. Es decir, tienen importancia desde el punto de vista microeconómico porque los mismos pueden ser utilizados por las familias para consumo, ahorro e incluso para invertir en alguna microempresa o para adquirir inmuebles o propiedades que se revaloricen con el tiempo. Por el lado del agregado macroeconómico el ingreso de divisas al país por este concepto contribuye a mejorar la posición de la balanza de pagos por su impacto en la cuenta capital.

REMESAS EN VENEZUELA
Según un estudio auspiciado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Venezuela recibió por concepto de remesas en el año 2014 la cantidad de 897 millones de dólares, lo que representa un crecimiento del 7,2 % con respecto al año 2013 y la ubica en la posición 15 en la región latinoamericana.
Un obstáculo que impide un aumento mayor en el monto de las remesas recibidas por Venezuela es el férreo control de cambio existente, ya que de utilizar los canales regulares de envío de remesas, como los couriers, un venezolano en el exterior que desee remitir dinero (dólares) a un familiar verá que el mismo recibirá bolívares a la tasa de cambio oficial (muy por debajo de la que establece el precio de la divisa en el mercado negro o paralelo). Por lo que seguramente este venezolano emigrado buscará alternativas mejores para ayudar a sus familiares.

Sin embargo, de parte del país origen muchas veces las remesas no son suficientes para compensar los costos de la migración, sobre todo cuando los que abandonan el país es personal profesional altamente calificado, como médicos, empresarios, científicos y profesores universitarios, es la conocida “fuga de cerebros”. El costo de preparar a la generación de relevo a sabiendas de la persistente tentación de los nuevos profesionales de emigrar una vez concluyan sus estudios es muy elevado. El gran perdedor termina siendo todo el país origen dado que los recursos invertidos por el Estado (cuando se trata de educación superior publica) en profesionalizar a su población son aprovechados por aquellos países que ofrezcan mejores oportunidades laborales y calidad de vida, lo cual termina representando una transferencia de recursos del país origen (generalmente pobre) al país destino (generalmente prospero).

La esperanza del retorno
El país que recibe repatriados, es decir, emigrados que regresan a su nación de origen luego de su vida en el extranjero se beneficia enormemente ya que traen consigo experiencias y recursos que aportar a su patria. Por este motivo los países que han experimentado salida de población en número considerable deben diseñar políticas públicas con carácter de urgencia que estimulen el regreso de los nacionales residentes en el exterior. Ya sea asegurando empleos y remuneraciones competitivas e incentivos fiscales (reducción de impuestos) a quienes emprendan alguna actividad productiva con los ahorros que traigan a su vuelta.

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