En el continente americano los aborígenes no conocieron la moneda en su concepto moderno, ellos efectuaban sus operaciones cambiarias, con las distintas tribus, al estilo de trueque por medio de diferentes productos a manera de moneda, entre ellos el urao (especie de salitre amargo extraído de la laguna ubicada en Lagunillas de Mérida) la sal, el tabaco y el algodón. En el Tocuyo, por ejemplo, los indígenas empleaban una moneda llamada quiteroque, que consistía en unas cuentas pequeñas de caracoles, de piedrezuelas de poco valor y huesos de animales, con las que hacían todo tipo de tratos. Entre los relatos de la época se observa el comercio que realizaban, por ejemplo, los coanao, tribu del occidente del Lago de Maracaibo llevando a vender a tierras adentro sal a cambio de oro labrado en águilas, zarcillos y otras piezas. Los caquetíos y guaycaríes hacían mercado, cambiando frutas y otros víveres por pescado.

mercado

Un fenómeno muy importante llama la atención a través de los relatos sobre los primeros intentos de colonización española en Venezuela. Todos los autores están de acuerdo en que los indios recibieron complacidos a los extraños visitantes, y es notable la buena disposición de los indígenas para el trato con los españoles, en los que ambos encontraron grandes ventajas. Es de notar en los relatos de los primeros viajes a las costas venezolanas la familiaridad de los indígenas con las operaciones de trueque, la afición a ellas y la existencia de un intercambio más o menos regular entre unos pueblos y otros de la costa y del interior del país. Así mismo, se observaba en los indígenas cierta astucia en las operaciones de cambio, pues no daban con facilidad sino aquellas cosas que tenían en abundancia, pero de las que tenían en poca cantidad, no se desprendían con facilidad. También se observó la acción de regateo la que demuestra alguna experiencia en el trueque y cierto concepto ya formado de la medida del valor. El valor real de las cosas estaba determinado por el esfuerzo y la fatiga consumidos en fabricarlas o adquirirlas. Los indios tenían ante todo el sentido de la utilidad, la noción de valor de uso; en tanto que los españoles tenían el conocimiento más adelantado de valor de cambio. Para los indios, las perlas eran de una importancia muy secundaria, hasta el punto de ser un subproducto, pues ordinariamente pescaban las ostras para comerlas, y sin duda era un alimento apreciado. Por esto el intercambio se hacía con regocijo de ambas partes, ya que a los indígenas les parecía increíble recibir cosas como cuchillos, tijeras, telas, alfileres y cosas de metal a cambio de objetos para ellos inservibles y abundantes. En el estado de atraso de nuestras tribus, el cuchillo tuvo que representar una innovación tan importante como el empleo de la electricidad en la sociedad civilizada.

Epoca Prehispanica
En Venezuela, las primeras monedas conocidas fueron traídas por los conquistadores en 1498. No obstante la escasez de monedas y la poca producción de objetos vendibles, hizo que en el Siglo XVI predominara el trueque como forma de comercio el cual obligaba a dar directamente producto por producto, lo que resultó ser insuficiente por la falta de coincidencia de los deseos y necesidades entre la población. Y aún en caso de coincidencia de necesidades, existía la diferencia de la cantidad requerida. Esta falta de relación hizo resaltar aún más la necesidad de disponer de algún medio de pago más confiable y aceptado por todos. Fueron las perlas las llamadas a llenar este vacío. Cabe destacar que el Cabildo Caraqueño declaró las perlas de Margarita como moneda, decisión que se mantuvo entre 1589 y 1620. Durante el siglo XVI la organización económica venezolana hizo prevalecer el primitivo sistema de trueque directo. Objetos diversos ejercían la función de moneda. Las perlas, principalmente, jugaron este papel hasta el siglo XVII. Las perlas eran clasificadas en cuatro géneros: cadenilla, media cadenilla, rostrillo y medio rostrillo. Tan habitual era su circulación, que los mercaderes, funcionarios de hacienda y particulares en general hacían las valuaciones de mercaderías y otros efectos en “reales de perlas”, ésta era la base de las operaciones comerciales y con éstas se recaudaba la mayoría de los impuestos.Desde el descubrimiento eran conocidas las perlas que se pescaban en Cubagua y Margarita y su abundancia permitía usarlas como medio de pago. El valor asignado dependía de su peso lo cual trajo consigo la necesidad de utilizar una balanza para poder conocer su equivalencia con el dinero. Pero la diferencia de tamaño y calidad hizo difícil la aplicación de la norma general de que 16 reales de plata; en este caso en perlas, equivalieran a un peso de oro. La tendencia era aceptar de 18 a 20 reales en perlas por peso. Y todavía quedaba la incertidumbre entre las perlas y los reales de plata, por lo cual las autoridades decidieron finalmente fijar once granos de rostrillo por cada real.

Epoca Prehispanica indigenas

Durante más de un siglo la perla cumplió la función de moneda. En determinados momentos aventajaba a la moneda de oro y plata española, ya que ésta sufría gran inestabilidad por la escasez que se presentaba continuamente de dichos metales. En estas condiciones las perlas generaban más confianza en el ánimo de los mercaderes, pues su valor estaba menos expuesto a fluctuaciones.

En el empleo de las perlas se pueden distinguir dos épocas:
La primera corresponde al tiempo de llegada de los españoles hasta treinta o cuarenta años después, cuando las perlas se obtenían de los indios o las extraían ellos mismos en las proximidades de Cubagua, estas perlas se consideraban mercadería de lujo y aunque ocasionalmente se usaban como moneda, generalmente se retiraban pronto de circulación, por ser un artículo muy solicitado y valioso. La operación era más un trueque que realmente el uso como moneda.

En la segunda época ya las perlas habían dejado de ser un objeto de tanta codicia y su precio era más o menos estable, permanecían constantemente en circulación y dejaron de ser unas operaciones de simple trueque ya que su valor guardaba un firme equilibrio, esto se puede comprobar en el hecho de que hayan sido utilizadas para acumulación, gran parte de los capitales de la Provincia y de particulares consistía en perlas, además también era permitido el pago de impuestos con perlas.

Durante la misma época también se trataba con pedacitos de oro que se le imprimía la marca real, lo que garantizaba la calidad del metal, más no su precio. Estas piezas circulaban no como unidades monetarias, sino por peso, lo que resultaba bastante complicado, ya que el proceso de pesar metales preciosos es sumamente delicado, la menor diferencia representa una considerable pérdida para cualquiera de las partes y esto daba lugar a discusiones que retrasaban o impedían las transacciones. Además de esto, el oro era muy escaso para la época, su uso en la elaboración de joyas disminuía mucho el circulante.

En 1600 se presentó un problema ya que no había oro alguno en la colonia y muy pocas perlas, por lo que el Cabildo tuvo que informar al Rey que por la falta de monedas, los vecinos se habían visto en la necesidad de volver al trueque, principalmente sobre la base de harina, lienzo de algodón y zarzaparrilla. Con el tiempo, la mayor parte de las monedas de las que disponía la Provincia provenían de sus exportaciones a las Antillas. México llegó a ser a mediados del siglo XVII, la única fuente de aprovisionamiento monetario, ya que se recibían grandes cantidades de monedas de oro y plata en pago de las grandes cantidades de cacao que se le enviaban.

Las perlas que servían de monedas eran siempre las pequeñas e irregulares, ya que las grandes y regulares eran usadas como joyas. Un conjunto de perlas irregulares, o aljófar, formaban el rastrillo de acuerdo al número de perlas que contenía.

Para facilitar la aplicación de la medida de los “once granos” y evitar el engaño y fraude, el Cabildo de Caracas hizo fabricar por el platero Pedro Fernández, pesas de dos reales, un real y medio real, debidamente selladas con una marca de león, el símbolo de la ciudad.

Por otra parte, preocupaba a las autoridades no sólo la utilización de las perlas como monedas, sino la evasión de impuestos, ya que la pesca de perlas y su posterior uso a menudo se hacia sin depositar el “quinto real”, tal como se cumplía en la explotación y acuñación de los metales preciosos.

Las perlas como moneda siguieron teniendo tropiezos y hacia los comienzos del Siglo XVII terminaron por desaparecer del mercado, por lo cual se impuso de nuevo el trueque como forma de comercio más usada.