En 1952 el Banco Central de Venezuela informó al Ministerio de Hacienda sobre la escasez de moneda de plata que se había agudizado en los últimos tiempos debido principalmente, al desarrollo de la industria y el comercio, el crecimiento de los gastos gubernamentales y el aumento progresivo de la población. Por esto se ordenó una acuñación de monedas de Bs. 1; 0,50 ; y 0,25, lo que se realizó en la Casa de la Moneda de Filadelfia. Luego de esta acuñación se observaron ciertos inconvenientes con las acuñaciones que se realizaban en Estados Unidos, ya que allí se garantizaba la tolerancia en peso y ley por grupo de monedas y no en forma individual como lo exige la Ley de Monedas venezolana. Por esto, se consultó otras casas de monedas, y es así que las acuñaciones de 1960 se realizan en la Casa de la moneda de París, estas llevan en el anverso y a cada lado la palabra BARRE, signo de su grabador y un cuerno de la abundancia y una alondra, signos de la Administración de Monedas de París.

La Constitución promulgada en 1953 abandonó el nombre de Estados Unidos de Venezuela y restituyó el de República de Venezuela, que había estado en uso desde 1830 hasta 1863.

La Crisis de la plata: En 1965 la situación del circulante metálico en Venezuela se ve afectada por las condiciones del mercado internacional de la plata, que hace crisis ese año, y por las crecientes necesidades internas. Acentúa la escasez de circulante el atesoramiento con fines especulativos ante la posible alza del metal.

La plata fue tradicionalmente usada en la acuñación de monedas porque su valor intrínseco correspondía, con los costos de fabricación y beneficio, al valor nominal de las piezas, hecho que explicaba el alto grado de aceptación de que gozaban dichas monedas en escala mundial. A partir de la crisis de los años 30 y más acentuadamente después de la II Guerra Mundial, gran número de países: los del bloque de la libra esterlina, casi todos los países europeos y, entre los grandes productores de plata, México y Canadá, eliminaron o disminuyeron considerablemente el contenido de plata en sus monedas, sustituyéndola por metales y aleaciones apropiadas a los fines de circulación, pero de menor valor y de más fácil adquisición.

El fenómeno del desequilibrio del mercado de la plata se originó por la insuficiencia de la producción para satisfacer la creciente demanda. El lento crecimiento de la producción se debe a razones de orden técnico. Muchos yacimientos se fueron empobreciendo paulatinamente, y, por otra parte, como la plata en la naturaleza viene mezclada con otros metales, los costos de producción son elevados.

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Frente a un nivel de producción estacionario o en lento ascenso, el consumo de la plata aumentó considerablemente en esos años, tanto para fines industriales como monetarios. La demanda creciente de monedas, principalmente en Estados Unidos, se debió al aumento de la población, al incremento de actividades financieras, al notable desarrollo de las máquinas automáticas vendedoras, de aparatos telefónicos y de otros servicios operados con monedas y el atesoramiento con fines especulativos.

En la Memoria del Banco Central de Venezuela correspondiente a 1965 y, bajo el título “Problemas internacionales de la plata y situación de las monedas fraccionarias en Venezuela”, el Instituto analiza las dificultades que en esa materia confrontaba el país y expone las sugerencias que habían sido hechas al Ejecutivo a fin de remediarlas prontamente. Consideró el Instituto necesario estudiar la conveniencia de nuevas alternativas en relación con el contenido metálico de las monedas. Entretanto comienzan a aparecer síntomas inquietantes que agudizan el problema. La demanda de moneda se acentúa; la inseguridad en los precios de la plata dificulta su adquisición en previsión de nuevas acuñaciones; las Casas de Moneda que tradicionalmente habían realizado las acuñaciones venezolanas se encuentran imposibilitadas de atender los pedidos.

La situación planteada dio origen a la promulgación de una Ley de Acuñación de Monedas el 16 de diciembre de 1965, por medio de la cual se ordenó la acuñación de monedas de plata de Bs. 5,2 y 1 ; de níquel puro de Bs. 0,50 y 0,25 y de cupro-níquel de Bs. 0,05. Al permitir esta Ley la acuñación de las monedas de BS. 0,50 y 0,25 en níquel puro, se inició en forma cautelosa el cambio que imperiosamente imponía la situación internacional de la plata. Se escogió el níquel como metal sustitutivo de la plata por su apariencia física, su resistencia, su abundancia a escala mundial, su precio razonable y la existencia comprobada de reservas nacionales. Es un metal que resiste el desgaste de la circulación, y debido a su dureza y alto punto de fusión, su amonedación precisa de equipos técnicos especiales, lo cual limita los incentivos de la falsificación.

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Francia aceptó acuñar las monedas de plata de Bs. 1 y 2. Las monedas de níquel de 0,50 y 0,25 se acuñaron en Londres y las de cupro-níquel de 0,05 fueron realizadas por la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre de Madrid.
Cuando el público tuvo conocimiento de la escasez de plata en el mercado internacional y de la posible alza del precio del metal, se produjo un incremento sustancial en la demanda de monedas de Bs. 5, cuyo valor intrínseco había casi alcanzado su valor monetario. Estas piezas fueron atesoradas con miras especulativas y numismáticas, lo que determinó la desaparición del “fuerte” de la circulación. Esto agravó la escasez de moneda circulante, y a fin de aliviarla fue emitido un billete de Bs. 5 para conmemorar el Cuatricentenario de Caracas. Puesto en circulación el 21 de noviembre de 1966, en cantidades reducidas, esta emisión desapareció prácticamente de la circulación, pero como resultó útil en aquella emergencia, se continuó la emisión de billetes de este valor aunque con diferente diseño.

En 1967 la situación se torna crítica. El BCV expone en un informe al Ministerio de Hacienda lo siguiente:
“La sustitución de la plata por otros metales con fines de acuñación no debe tener, por sí sola, ninguna repercusión adversa sobre la economía nacional, aunque se reconoce el probable y pasajero efecto sicológico negativo en algunos sectores de la colectividad… La utilización de otros metales para fines monetarios es, por lo demás, un proceso que se está cumpliendo en escala universal y resultaría una ostentación inconcebible mantenernos en la situación actual. Es sumamente oneroso para el país continuar usando la plata para estos fines, ya que esto implica cuantiosas y crecientes salidas de capitales y la inmovilización de sustanciales recursos fiscales para proveer de medio circulante a nuestra economía, los cuales podrían ser usados con fines de desarrollo económico susceptible de obtenerse a un costo real mucho menor para la nación.. De las consideraciones precedentes y en concordancia con nuestras comunicaciones mencionadas al comienzo, se desprende la necesidad de reformar la Ley de Monedas vigente, especificándose los nuevos metales a ser usados para las futuras acuñaciones. Se recomienda eliminar por completo el uso de la plata para las nuevas acuñaciones, ya que de otro modo correríamos el riesgo de tener que modificar nuevamente la Ley sobre la materia en el futuro”.

Era imposible posponer por más tiempo la sustitución de la plata en las monedas. El 4 de diciembre de 1967, el Congreso dictó una Ley de Acuñación por medio de la cual se aprobó la acuñación de monedas de Bs. 1 y 2 en níquel puro. La cual se realizó en Londres.

La sustitución de la plata por níquel causó, como era de esperarse, comentarios adversos por parte del público poco enterado de las circunstancias que lo motivaron, a pesar de las múltiples y frecuentes comunicaciones al respecto transmitidas por las autoridades del BCV a través de los diversos medios de información. Aquella actitud fue pasajera y, desde el punto de vista práctico, la transformación no presentó inconvenientes.

Desaparición de la locha: El principal inconveniente de esta moneda era que no cuadraba, por su fracción de céntimo, en el sistema monetario decimal y ocasionaba dificultades en la contabilidad, especialmente en la mecanizada mediante máquinas registradoras. Otro inconveniente es que el peso y diámetro de la locha era muy parecido a la del bolívar, hacía que se confundieran fácilmente y que se pudieran utilizar en las máquinas vendedoras que requerían la introducción de 1 Bolívar.

Por otra parte, el tamaño y elevado peso de las monedas de locha (Bs. 0,12 ½) en relación con su bajo valor nominal, hacía onerosa su acuñación. Por todo esto, el uso de estas monedas fue disminuyendo, a medida que los comerciantes iban eliminando de los precios la fracción de céntimo, así se fueron sustituyendo por las monedas de Bs. 0,10 y 0,05.

Ley del Banco Central de Venezuela: El 30 de octubre de 1974 se aprueba la nueva Ley del Banco Central de Venezuela la cual marca un cambio radical en la política del Estado en relación a la acuñación de la moneda. En esta nueva ley, entre otras cosas, se concede al BCV con carácter exclusivo, la facultad de emitir billetes y acuñar monedas. Se establece que la unidad monetaria de la República de Venezuela es el Bolívar, así mismo, se establecen las características de cada una de las monedas que deben circular en el territorio nacional. En 1972, el Directorio del Banco Central de Venezuela recomienda al Ejecutivo Nacional, la acuñación de monedas conmemorativas, la cual no estaba contemplada en la vigente ley de Monedas. Con la Ley del Banco Central de Venezuela del 30 de octubre de 1974, este ejerce con carácter exclusivo, la facultad de emitir billetes y acuñar monedas. En 1998 el BCV aprobó la acuñación de monedas con las denominaciones de 10, 20, 50, 100 y 500 Bs. sustituyendo a los billetes de igual denominación hasta que estos vayan extinguiéndose. A partir del 30 de junio del 2000 están en circulación monedas de 20 y 50 Bs. acuñadas en la Casa de la Moneda de Venezuela, con la novedad de incluir el logo de la Casa de Moneda y el año de acuñación es 1999.