La Locha en Venezuela (Parte II)


 



C) Probable origen de la «Locha»

Entiendo que se ha formado de la siguiente manera. Sobre una base ochava (‘octava parte de la unidad de plata’) con la contracción del artículo la ochava > lochava; y luego al apocopar la última sílaba, fenómeno común en el lenguaje popular en Venezuela, ha resultado locha, sustantivo al que se le ha antepuesto luego artículo cuando es preciso (la locha) como en tantos casos150.
Así: la ochava > lochava > locha > la locha.
Veámoslo.
El uso de ochava en relación con la moneda peninsular o como medida fraccionaria de plata es tradicional en lengua española y arranca, -434- por lo menos del siglo XVI, testimoniada en Gonzalo Fernández de Oviedo, como ‘octava parte de la onza, en el marco que sirve para el peso de la plata’151. En documento fechado en Valladolid, a 20 de diciembre de 1600152, se lee: «… y son por rraçon de una salta de plata labrada blanca que pesa tres marcos y quatro onzas menos una ochava a precio de ocho ducados cada marco que monta doscientos y sesenta y dos rreales y medio y un medio salero de plata dorada que pesa un marco menos cinco ochavas a ocho ducados el marco…»153.
Humberto F. Buzzio154 escribe que «el sistema monetario hispanoamericano tuvo por medida de peso el marco o media libra de Castilla, que equivalía a 230,0465 gramos. Este marco ponderal se dividía en la forma siguiente:
Oro Plata
Castellano 20 equiv. a 1 marco Onza 8 equiv. a 1 marco
Tomín 400 equiv. a 1 marco Ochava 44 equiv. a 1 marco
Grano 4200 equiv. a 1 marco Adarme 128 equiv. a 1 marco
Tomín 384 equiv. a 1 marco
Grano 4608 equiv. a 1 marco
En Venezuela tenemos testimoniado el uso de ochava, como fracción de medida desde la época colonial.
Joseph Luis de Cisneros155 escribe: «… sus colmillos [de los Tartaquitos, caimanes] tienen virtud contra el veneno, y una ochava de polvos de la Verga de este animal, es especial curación para el pasmo». En el Archivo Gual y España156 un documento fechado a 7 de mayo de 1799 habla de «su estatura dos baras menos una ochava».
Queda, pues, probada la existencia de esta medida en la vida colonial venezolana157.
En los inicios de la Independencia se acometió seguidamente la ordenación de la moneda ya republicana. El Congreso Constituyente de 1811-1812, ordeno acuñar un millón de pesos en moneda de cobre (en piezas de real, medio real, cuartillos y octavos). Morillo ordenó después la acuñación de centavos de un cuarto y octavo de real. Después -435- de 1821, restaurada la República se acuñaron señas, de plata que equivalían a un cuarto de real158. Es constante la octava parte para la regulación monetaria y metalística en el país, como en todo el mundo hispánico. La persistencia del nombre ochava viene testimoniada en los siguientes textos:
1. En el «Estado de las cantidades acuñadas en la Casa de Moneda de Bogotá, desde el 1.º de setiembre de 1819, hasta 19 de diciembre 1820», consta:
«En oro el año de 1820, nueve mil ciento sesenta marcos, cinco onzas y dos ochavas, que importan… 119196»159.
2. En el folleto Ecsamen analítico de la unidad e inalterabilidad del valor legal de la moneda que sirven de fundamento a la orden del Poder Ejecutivo de 20 de noviembre último (Caracas, Imprenta de José Núñez de Cáceres, 1826) se lee: «Con arreglo a la ley el marco de oro fino tiene el peso de 8 onzas o 50 castellanos; pero como de un marco de oro se tallan 8 y medio doblones de a 8 escudos, resulta que la moneda llamada onza de oro sólo contiene de metal puro el peso de 7 y media ochavas, 2 granos y 2/17 avos de grano, que es su valor intrínseco» (pág. 6); se repite la denominación ochava, en la pág. 11, dos veces: «… no tienen las 8 ochavas o la octava parte del marco…»; cuatro veces en la pág. 12; cinco veces en la pág. 14; dos veces en la pág. 16.
Explica este mismo folleto la confusión monetaria reinante, en el siguiente párrafo: «Lo que hay en el caso, y de lo que ciertamente no se hizo cargo el gobierno antes de expedir su orden, es que nuestro dinero circulante se compone de una confusa mezcla de monedas, todas ellas faltas de ley, sin peso, título ni valor numismático. Hay muy pocos pesos fuertes de la estampa de Cundinamarca, llamados comúnmente Colombianos, hay pesetas pequeñas, pesetas de Morillo y pesetas antigua s macuquinas. Lo que más abunda son reales y medio reales, también macuquinos, y luego entre todo un enjambre de pesetas, reales y medios, que no es posible dar una idea al que no lo experimenta por sí de la incesante y enfadosa lucha que ocasionan en el tráfico» (págs. 9-10).
y 3. Por último, en la Tabla de cuentas, impresa en Caracas, 1829, se habla de «La vara de medir tiene 2 medias, 3 tercias… 8 ochavas…»; «Un quintal tiene 4 arrobas… la onza ocho ochavas, la ochava dos adarmes…».
De alguna de las notas transcritas más arriba se desprende ya la idea de confusión (N.º 2 y en el texto de R. Bolívar ¡Abajo los fiscos!) -436- en el sistema de monedas fraccionarias de la unidad corriente en Venezuela.
Como la nueva moneda puesta en circulación en 1877, el octavo [o antes la ochava] de bolívar, fue la solución a tan impreciso estado de cosas, creo que en ello radica la específica denominación de locha, pues aunque conviva con cuartillo, este término, de antiguo uso en Venezuela, recordaría o suscitaría las confusiones anteriores, por lo que aparece a su lado la ochava, después lochava, por fin locha, como signo independiente, alejado de toda perturbación.
Es copiosa la documentación que puede aducirse sobre el estado confuso de la moneda fraccionaria. Citaré el más significativo, directamente relacionado con el fraccionamiento en octavas partes.
En 1830, se elevó un clamor popular hasta el gobierno, en el folleto Observaciones. Pensamientos de antiguos labradores venezolanos, sobre la actual decadencia de la agricultura, y las leyes y disposiciones gubernativas para su fomento, señalando las causas de su anterior incremento y prosperidad160. Se desprende claramente del siguiente fragmento el estado de confusión reinante:
MONEDA
«La de oro y plata se la llevan los ingleses, la corriente macuquina escasea visiblemente. Hay necesidad de aumentar el signo que represente a todo en el país, para las circulaciones espeditas de los negocios públicos en el interior. Nos parece difícil la adquisición de la plata entre particulares para acuñarla. La de papel sería ruinosa para el Estado, como tiene acreditado la experiencia. La de cobre nos parece la más conforme y a propósito de las circunstancias presentes para el remedio de la necesidad, como la tienen diferentes naciones en Europa, acuñándola con primor y dándole el valor aproximadamente intrínseco que se represente en circulación, para impedir la ambición especulativa de los falsificadores. Dividiendo nuestro peso de a ocho reales corrientes de plata, en cien centavos de moneda cobre, o en doscientos semicentavos de la misma especie. La menor moneda efectiva que corre en circulación en la actualidad, es la seña, o cuartillo de real, que equivale a tres centavos de moneda cobre con levísima diferencia. El octavo, es nominal, resultando de aquí que el pobre se encuentra al presente con la dura precisión, de invertir el cuartillo de real en dos cosas diferentes, sin recurso para más, esto es, un octavo de cada una. La de cobre acuñada en la forma dicha, proporcionará al pobre la acción de comprar con el mismo cuartillo de real, seis cosas diferentes para el remedio de su necesidad, es decir, un semicentavo de cada una. A lo expuesto hasta aquí, se sigue por consecuencia, que la moneda de cobre facilitaría la circulación espedita -437- de los negocios interiores de poca monta, proporcionando los pagos por peso averiguado, para evitar el fastidio de contar. Y finalmente, aumentando el signo que representa a todo en circulación, aumentaría también a los labradores, fácil recurso de pagar con puntualidad a sus jornaleros.
«En las señas de a cuartillo de real que circulan en público, se advierte cierto descontento que se va propagando, por que parece que hay muchas falsas entre ellas, que repudian recibirlas, por el temor que inspira el acontecimiento de lo pasado, vuelva a suceder lo mismo, como antes en lo venidero, esto es, que las recogió el gobierno por falsas y las perdió el público, con ofensa del derecho de propiedad. Desengañémonos en tanto continúe acuñando el gobierno esta clase de moneda, por el mesquino beneficio que le resulta, no faltarán falsificadores, en notabilísimo perjuicio de la seguridad de los intereses públicos, y somos de parecer que, debía procurarse evitar un perjuicio de tanto bulto al público, y al mismo Estado, mandando recoger estas señas, y reemplazando a los tenedores, con la moneda de cobre, acuñada en la forma que hemos insinuado (pp. 32-34)».

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