Control de precios en el imperio. El Edicto de Diocleciano


 
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“Aquel que no conoce la historia está condenado a repetirla”.

La máxima es bien conocida, todos la hemos escuchado y recurrido a ella como argumento en alguna ocasión… Pero, que poco caso hacemos de su enseñanza.

El Edicto sobre Precios Máximos fue una ley promulgada en la Roma del año 301 D.C. por el emperador Diocleciano, con ella se buscaba imponer límites a los montos a pagar por más de 1.000 bienes de consumo cotidiano para la fecha.

“Nos place que, si alguno tiene la osadía de actuar contra lo dispuesto en esta norma, sea condenado a pena capital. Y que nadie piense que este edicto es muy severo cuando tan fácilmente puede evitarse su pena mediante la observancia de la moderación”

El propósito de la medida regulatoria era frenar el continuo y generalizado aumento de precios de los productos. Es decir, Diocleciano estaba dando respuesta a un proceso inflacionario, aunque lo estaba haciendo con el peor de los remedios, un control de precios. Sin embargo, no nos apresuremos a censurar al Emperador, las medidas de política económica para hacer frente a la inflación no estaban muy claras para esa fecha, como sí lo están en nuestros días, en los cuales, una acción parecida sería propia de un gobernante irresponsable, por decir lo menos.

El alza de precios sufrida por los habitantes del Imperio Romano finalizando el Siglo III era causada por las mismas razones que en nuestros días aceleran la inflación: Elevado gasto público, déficit fiscal, devaluación de la moneda y aumento del dinero en circulación.

Diocleciano fue aclamado emperador por el ejército el año 284. Para la época Roma era un extenso reino con muchas dificultades para mantenerse unido y en paz, presagiando las futuras desgracias que llevarían a su lamentable disolución a la vuelta de unos cuantos años.

El elegido se mostró a la altura de las circunstancias, sus reformas administrativas lograron disipar las crisis políticas y las luchas de poder que turbaban la tranquilidad del imperio durante la llamada Crisis del Siglo III. Diocleciano conservó el trono durante 20 años, retirándose el 1º de mayo del 305 ¡Con vida y por propia voluntad! Toda una hazaña para ese entonces, cuando las intrigas palaciegas, las amenazas de invasiones bárbaras y las rebeliones de los pueblos sometidos a Roma estaban siempre presente.

Para llevar a cabo la política de transformación de la burocracia del imperio se incrementó el número de funcionarios a cargo de los procesos. Diocleciano aumentó igualmente la cantidad de efectivos del ejército por la necesidad de mantener la integridad territorial y de anular la amenaza continua de las naciones allende las fronteras. Ambas medidas eran parte principal de la política de reformas del Emperador, en la búsqueda de mantener la unidad y preservar la romanidad del extenso territorio conquistado hasta la fecha por sus predecesores. La consecuencia económica de esta estrategia fue el aumento del gasto público y la necesidad de su financiamiento. Se respondió entonces con una mejora de la gestión fiscal, aumentando la recaudación de impuestos, incluyendo el pago de los tributos en especie dada la dificultad de encontrar monedas de alto valor (de oro y plata) para cancelarlos. Pero no era suficiente.

Fue práctica común de los antecesores de Diocleciano emitir monedas envilecidas, desde Nerón (años 54 al 68). Sustrayéndoles parte de su contenido de metales preciosos, lo que equivalía a una depreciación del signo monetario. En esa época, lo que confería valor o poder de compra al dinero era sencillamente la cantidad de oro y plata contenido en la moneda acuñada. Al alterar la calidad de la moneda se generaba más dinero pero de menor valor, lo que ocasionaba aumento de precio de los productos (ya que el vendedor exigía la misma cantidad de metal y para conseguirlo eran necesarias más monedas). Al llegar al gobierno, Diocleciano se encontró con una moneda en circulación de muy poco valor. Había escasez de metales preciosos, ya Roma no sumaba nuevas conquistas que abastecieran el tesoro de riquezas como antes, las monedas de oro y plata pura eran raras y estaban fuera del comercio, resguardadas en las arcas de los más ricos. Se emitían mayormente monedas de cobre y bronce, las de mayor denominación, como el denario, sólo eran bañadas por una fina capa de plateada.

El abultado número de funcionarios y la necesidad de mantener una tropa numerosa y fiel al emperador obligaba a tratar de cubrir el presupuesto emitiendo más dinero, pero con aleaciones espurias, que depreciaban el valor de la moneda, forzando el incremento de los precios. Si bien es cierto que el problema inflacionario fue heredado por Diocleciano, también lo es que las medidas económicas para hacerle frente lo empeoraron. Podemos imaginar la gravedad que había alcanzado la inflación para ese momento por la drástica medida tomada.

El Edicto de Precios Máximos culpaba ¡Qué original! a los especuladores de la inflación, imponiendo a quien lo desobedeciera penas tan severas como la muerte, tanto a vendedores como a compradores. Asimismo, limitaba la movilización de bienes desde un mercado a otro y prohibía trasladar al precio final los costos de transporte de los bienes a los centros de consumo, provocando desabastecimiento en mercados alejados de los lugares donde se originaban los productos. Ante la dureza de las sanciones y lo absurdo de pretender obligar a los proveedores a comercializar los productos a precios que no garantizaban una ganancia justa, se optó por no vender, reduciendo la oferta de bienes, dando origen al mercado negro, donde compradores y vendedores, desobedeciendo el Edicto, acordaban precios más satisfactorios para ambas partes aun a riesgo de morir.


El Edicto de Diocleciano ponía límites a los precios de productos tales como alimentos, ropa, calzado, tarifas de transporte e incluso los jornales a pagar al trabajador. Sin embargo, no detuvo la inflación al no atacar sus causas: Excesivo gasto público, déficit fiscal, baja recaudación impositiva y depreciación de la moneda por el incremento del circulante de bajo valor… Las mismas de siempre, como ahora se sabe.

El Edicto fue poco exitoso y se recuerda como un ejemplo de lo que no debe hacerse en economía, aunque la lección ha sido difícil de aprender para algunos gobernantes. Después de un tiempo dejó de aplicarse, hasta convertirse en letra muerta, después de la dimisión de Diocleciano.

NOTA: Agradecemos la colaboración de éste artículo al Econ. H. J. Jiménez, @13CarpeDiem13 .