Crisis, Recesión y Depresión: Las Malas Palabras de la Economía


 
Post malas palabras



Por. Econ. H. J. Jiménez

Hay palabras que es mejor no pronunciar. Unas por vulgares, a lo que la decencia nos obliga; otras, por negativas, buscamos mediante el silencio conjurar las consecuencias del cumplimiento de su significado.

Hay también en la economía “malas palabras”. La peor de todas ellas es depresión, pero también espanta cuando escuchamos decir recesión; mientras que crisis, quizá porque se usa para todo es menos temible, aunque igualmente debe inquietarnos.

La Real Academia Española (RAE) define crisis en una de sus acepciones como “situación mala o difícil”, siendo que en cualquier aspecto de la vida personal o social pueden presentarse situaciones de este tipo el término crisis es de uso común. Así escuchamos que hay crisis humanitaria, política, de salud, penitenciaria, de la bolsa de valores, de los 40, y un largo etcétera. Es decir, no es un término exclusivo de la economía y por otra parte desde que tengo uso de razón siempre hemos estado en crisis, aunque la verdad sea dicha, lo que hemos vivido en el 2015 y lo que dicen que vendrá en este 2016 en materia económica en Venezuela merece ser llamado de otra manera.

Recesión es una palabra más “económica” y también más “seria” que requiere por parte de quien la usa de ciertos criterios técnicos, los cuales están muy bien especificados en la definición del vocablo que hace la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER por sus siglas en inglés, una organización privada sin ánimo de lucro dedicada a la investigación, conformada por un grupo de reconocidos economistas independientes). La NBER define RECESIÓN como: Una contracción económica significativa en el Producto Interno Bruto (PIB) de un país durante dos o más trimestres consecutivos.

Dado este nivel de detalle y teniendo acceso a las estadísticas oficiales podemos determinar si una mala situación, una crisis, merece ser llamada recesión. El viernes 15 de enero de 2016 y después de casi un año, 11 meses para ser exactos, el Banco Central de Venezuela (BCV) se dignó a cumplir su propia ley y la Constitución Nacional. Sorprendiendo a todo el mundo el ente emisor dio a conocer cifras sobre el desempeño de algunas variables económicas del país en los primeros tres trimestres del 2015, especialmente reveladoras para efectos de este artículo resultaron ser las del PIB.

Según el BCV la economía se contrajo 7,1 % en el tercer trimestre del 2015 y se ha contraído por siete trimestres consecutivos desde inicios del 2014 (es decir, podemos decir que el país está en recesión desde hace rato). Según cifras del Fondo Monetario Internacional (FMI) Venezuela no se recuperará este año 2016, si no que por el contrario decrecerá su PIB en 8 %. De cumplirse esta previsión a finales del 2016 nuestro país acumularía 12 trimestres seguidos (tres años) de disminución del PIB.

Una recesión debería ser pasajera, porque se supone que las autoridades del país que la sufra tomarían las medidas necesarias, prescritas y probadas por la Ciencia Económica, para evitar su agravamiento y que se convierta en una depresión.

¿Cuál es la diferencia? Para Ronald Reagan “una recesión es cuando tu vecino se queda sin trabajo y una depresión cuando tu pierdes tu empleo”. Pero para los economistas, siempre muy cincunspectos en temas tan delicados, cuando una recesión se prolonga por más de 12 trimestres y el PIB cae más de 10 % en un año se puede hablar de catástrofe económica, perdón, de depresión.

Durante una depresión se experimentan disminuciones sostenidas y pronunciadas en la producción y el consumo, así como altas tasas de desempleo, quiebras de empresas, bajas vertiginosas en los mercados financieros, restricción del crédito y por ende escasa inversión, devaluación de la moneda, altas tasas de inflación e incumplimientos generalizados en el pago de deudas, tanto del sector privado como público (default). Todo lo anterior conlleva a una generalizada desconfianza en los agentes económicos y a estallidos sociales e inestabilidad política que retroalimenta la sensación de caos y calamidad. ¿Les suena conocido?

Ha habido episodios como el descrito anteriormente, el más nefasto, documentado y estudiado fue el de la Gran Depresión de 1929, que se inició el “jueves negro”, 24 de octubre, con el crash de la Bolsa de Valores de Nueva York y se prolongó por 43 meses de acuerdo a algunos estudiosos, pero el mercado de acciones neoyorquino no recuperó su nivel previo a la Gran Depresión si no hasta un tardío 1954. Lo cierto del caso es que estos eventos no son comunes, de hecho, así como la hiperinflación, la depresión forma parte de las especies extintas de la economía y la única manera de que se presenten es que se produzcan en países cuyas autoridades no implementen políticas económicas para la superación de los primeros síntomas de recesión.

Venezuela está sin duda en emergencia económica, desde hace mucho, pero las autoridades han tenido desde siempre la posibilidad de hacerle frente, el que la crisis se convierta en depresión será responsabilidad solamente de quienes por incapacidad o negligencia obviaron las señales de la economía y los consejos de los economistas.

NOTA: Agradecemos la colaboración de éste artículo al Econ. H. J. Jiménez, @13CarpeDiem13 . Les invitamos estimados lectores enviar sugerencias sobre Malas Palabras en Economía a [email protected]