Control de precios… El camino del infierno


 
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Por. Econ. H. J. Jiménez

Hay medidas de política económica cuya popularidad no se ve justificada por los resultados obtenidos de su ejecución a lo largo de la historia y en diferentes países. Sin embargo, son puestas en práctica insistentemente pensando más en los beneficios políticos cortoplacistas que en las consecuencias económicas negativas que pudieran acarrear a medio y largo plazo. Una de las más repetidas de estas prácticas es el control de precios.
Revisemos algunos datos interesantes acerca de este mecanismo de intervención en la economía para juzgar con mejor criterio este tipo de propuestas por parte de los actores políticos, los cuales acostumbran justificarlas con los más candorosos y loables argumentos a favor de los más necesitados, que en todos los países son el grueso de los votantes por cierto.

Importancia de los precios en la economía:

Los precios cumplen una significativa función dentro del sistema económico, ellos constituyen la fuente primaria de información para los participantes de los intercambios. Tanto compradores como vendedores usan los precios para incorporarlos en su toma de decisiones, y estas decisiones a su vez, contribuyen a mover los precios hacia arriba o hacia abajo, de acuerdo a lo establecido por las leyes fundamentales de la economía, las de la oferta y la demanda. Si los compradores consideran en un momento determinado que el precio de un bien o servicio está bajo entonces tomaran la decisión de comprar más de dicho bien o servicio, este incremento de la demanda provoca el aumento del precio del bien o servicio; pero a su vez, precios cada vez más altos estimulan a los vendedores a enviar mas bienes y servicios al mercado, incrementando la oferta, y haciendo que el precio baje. Los resultados de la puja entre vendedores y compradores, los precios, tutelan las decisiones de los agentes económicos derivándose de ellas los cambios en la inversión, el ahorro, el gasto y el empleo de la economía en su conjunto. Vinculando, gracias a estos transmisores de información, las decisiones individuales con los agregados macroeconómicos más importantes.
Los controles de precios perturban este mecanismo de negociación al alterar el elemento primordial mediante el cual se toman las decisiones por parte de los agentes económicos, generando resultados diferentes, muchas veces menos eficientes, a los que se hubieran producido sin dichas medidas de intervención estatal en la economía.

¿Qué es un control de precios?

Es una medida regulatoria por parte de la autoridad económica que fija el precio de un producto o un servicio en una cantidad determinada, prohibiendo la venta del mismo a un precio diferente en el mercado formal bajo amenaza de sanciones en caso de incumplimiento. Los controles de precios obligan a las autoridades a crear instancias burocráticas para vigilar su cumplimiento, lo que implica gastos y uso de recursos públicos para esta tarea.
Hay dos tipos de controles de precio, los precios máximos y los precios mínimos.
Precios máximos: Son los precios fijados por debajo del que resultaría del libre intercambio entre compradores y vendedores. No puede venderse el producto por encima del monto establecido. Por ejemplo, el precio de algunos productos de primera necesidad en ciertos países. La intención de las autoridades es garantizar el acceso de la mayoría de la población a las mercancías reguladas.
Precios mínimos: Son los precios fijados por encima del precio de mercado. Se garantiza la venta de los productos a partir de una cantidad determinada. Generalmente se implementa una política de precios mínimos buscando beneficiar a los productores agrícolas, asegurándoles un monto base para el pago de las cosechas y disipar el temor de los agricultores de no obtener de la venta de lo sembrado la cantidad de recursos suficientes para cubrir todos los costos de producción y obtener un excedente para reinvertir y como ganancia.

¿Cuándo se podría justificar un control de precios?

Puede haber circunstancias excepcionales que justifiquen que la autoridad económica aplique medidas de control de precios, siempre y cuando las mismas estén acotadas estrictamente en cuanto al tiempo de duración y a los productos cuyos precios de venta serán sometidos a arbitraje. No deberían políticas de esta naturaleza prolongarse por periodos muy extensos y tampoco deberían contemplar una cantidad de bienes muy numerosa.
En momentos de emergencia motivada por desastres naturales o escasez extrema de algún producto básico debido a falta de materia prima o problemas con los proveedores del mismo, podría implementarse la medida mientras dure la contingencia.
Uno de los casos en los cuales el control de precios está plenamente justificado es el de los mercados servidos por una empresa privada con poder monopólico, como por ejemplo sucede en una ciudad donde exista un solo proveedor de electricidad.

¿Puede funcionar un control de precios?

Los controles de precios son una manera de dirigir, o más bien descarriar, la oferta y la demanda de los bienes y servicios.
Por la parte de los consumidores el efecto inmediato de un precio máximo es comprar más de lo que hubiera comprado al precio de mercado, incrementándose la demanda del bien regulado. Adicionalmente se producirá un efecto sustitución de bienes sin control por aquellos con control de precios.
Por el lado de la oferta, los productores del bien con precio máximo, atenderán la demanda del mismo mientras lo que pagan los consumidores cubra sus costos de producción y deje una ganancia que justifique la inversión de recursos en la fabricación del producto.
Pero en economías con persistente y elevada inflación la fijación de precios termina causando escasez de los productos regulados ya que los fabricantes no pueden responder al incremento de los costos de producción (materia prima, mano de obra y servicios cada vez más costosos) con ajustes en los precios de venta, por lo que prefieren invertir en otros rubros que garanticen la ganancia y sostenibilidad del negocio. La salida de productores del mercado va dejando el mismo a merced de menos competidores hasta ocasionar que un mercado otrora competitivo degenere en oligopolios o incluso en monopolio. Los inversionistas lo pensaran dos veces a la hora de destinar sus recursos a la producción de un bien cuyo precio no puede ser fijado por ellos en su relación de competencia con los otros productores y en función de lo que estaría dispuesto a pagar el consumidor al cual va dirigido. El descenso de la oferta obliga a la importación de los bienes, siempre y cuando se cuenten con las divisas necesarias para ello y el costo de comprarlos en el exterior sea lo suficientemente bajo como para venderlo en el país a los valores fijados.

Controlar el precio de un bien o servicio es un primer llamado de alerta a los empresarios, por lo que estos podrían comenzar a pensar en cambiar de rubros, plantearse la alternativa de exportar su producto a mercados internacionales donde alcance vender sin restricciones y en un caso extremo desplazar su empresa a dichos mercados extranjeros. Al final, el mal se multiplica, ya que a la falta de productos puede añadirse luego el aumento del desempleo por la pérdida de puestos de trabajo.

La disminución de la oferta y el aumento de la demanda conjugados resultan en desabastecimiento de productos. Al escasear los bienes se implementan mecanismos alternos de asignación y distribución, primero las colas, que es una manera de pagar con tiempo lo que te ahorras en dinero; luego, al agudizarse la falta de mercancías se recurre a estrategias propias de situaciones de emergencia como es el racionamiento: una cantidad limitada de producto cada cierto tiempo. No hay nada más caro que lo que no se encuentra, por lo cual la mesa está servida para que surja el mercado negro o paralelo (el “bachaqueo”), donde los consumidores con posibilidades económicas y sin tiempo para participar en los mecanismos de asignación formales (colas, carta de racionamiento, subastas, etc.) pagaran un precio no sólo superior al establecido por los burócratas sino que incluso mayor al que se establecería en un mercado sin intervención.

Por eso, cuando le ofrezcan en campaña electoral luchar contra los especuladores y la guerra económica a través de controlar los precios de los bienes y servicios para beneficiar al pueblo (la mayoría de los votantes) recuerde que: ¨El camino del infierno está empedrado de buenas intenciones¨.

NOTA: Agradecemos la colaboración de éste artículo al Econ. H. J. Jiménez, @13CarpeDiem13 . Les invitamos estimados lectores enviar sugerencias sobre Controles de precios a [email protected]