La Locha. Una interesante historia


 



La Locha por Carlos Alberto Camacho Castellanos
Experto en Notafilia y Numismática de Venezuela
Cronista en investigador de Historia de Venezuela

Para el año de 1876, por una resolución del entonces presidente de la republica Antonio Guzmán Blanco, se dispuso de la acuñación de una moneda de 2 ½ centésimos o centavos de níquel, la cual recibió el nombre popular de locha, en la parte de Caracas, y de Zagaletona en la zona central del país (Aragua y Carabobo). Dicha moneda tuvo acuñaciones en 1876 de 1.500.000 piezas y en 1877 de tan solo 500.000. Su circulación fue efímera por lo que en la actualidad se consiguen muy pocas, y las que se logran encontrar tiene precios astronómicos en cuanto.

En el año de 1896 entra en circulación la moneda de 12 ½ centésimos o centavos, igual que la anterior moneda de 2 ½ se le llamo locha y es como de ese momento en adelante se le conoció. Para explicar brevemente la denominación de este nombre popular nos remontaremos en tiempo y espacio a España.

Supuestamente se ha formado de la siguiente manera: sobre la base de una ochava (‘octava parte de la unidad de plata’) con la contracción del artículo la ochava lochava y luego al apocopar la última sílaba, fenómeno común en el lenguaje popular en Venezuela, ha resultado locha, sustantivo al que se le ha antepuesto luego un artículo cuando es preciso (la locha) como en tantos otros casos 12.

Así: la ochava = lochava = locha = la locha
Es preciso tener presente el bolívar — unidad monetaria y sus fracciones en la actualidad. El bolívar cien céntimos, o dos reales; cada real es de dos medios, y cada medio es de dos cuartillos o lochas. De todas estas denominaciones, la que tiene particular historia es la voz locha, que nos proponemos esclarecer. El diccionario académico no lo registra, a pesar de tener justísimos títulos para haber sido aceptado el término como legítimo.

La locha se llama también viuda, cuando va sola, por el hecho de ser una fracción incómoda (0.125 de bolívar), que hay que usar frecuentemente a pares (0.25). Viuda
‘incompleta, sola’, cuando se posee solamente una única pieza. También se invierten sus consonantes y se le llama chola, pero es muy poco común la utilización de este término que quizás se utilizó en tiempos muy lejanos.

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El uso de ochava en relación con la moneda peninsular o como medida fraccionaria de plata, es tradicional en lengua española y arranca por lo menos del siglo XVI, testimoniada en Gonzalo Fernández de Oviedo, como ‘octava parte de la onza, en el marco que sirve para el peso de la plata’. En documento fechado en Valladolid, a 20 de diciembre de 1600, se lee: “…y son por razón de una salta de plata labrada blanca que pesa tres marcos y cuatro onzas menos una ochava a precio de ocho ducados cada marco que monta doscientos y sesenta y dos reales y medio y un medio salero de plata dorada que pesa un marco menos cinco ochavas a ocho ducados el marco…”
No es privativo de Venezuela el sistema de octavas partes en la moneda base, ni tampoco lo es el formar derivados de ocho, ochavo, para significar monedas fraccionarias.

En España han sido de uso corriente una porción de nombres. Si bien algunos de ellos no indican actualmente una fracción concreta (por haber desaparecido), por lo menos se usan para referirse a dinero, en general. Felipe Matéu y Llopis registra los siguientes: ochavillos, ochavo, ochavo de Navarra, ochavo moruno, ochavo (castellano), xavo (catalán y valenciano), xavet, xapeta, xavos d’a quatre, xavo gran (valencianos).

Los vocablos catalanes y valencianos con aféresis de la primera sílaba o-. La voz ochavo es viva en castellano actual. La registra el Diccionario académico como “moneda de cobre con peso de un octavo de onza y valor de dos maravedís, mandada labrar por Felipe III y que, conservando el valor primitivo, pero disminuyendo en peso, se ha seguido acuñando hasta mediados del siglo xix”. Tengo notas de su uso en Pérez Galdós y Unamuno. Lo que interesa dejar consignado es que de ochavo, por aféresis, han salido chavo, xavo, xavet, etc.

De la misma base que de ochava, por soldadura de artículo y apócope sospecho que se ha formado en Venezuela lochava, locha. En resumen: sobre la base ochava, de uso tradicional en Venezuela, y para designar una fracción monetaria puesta en circulación en 1876 y 1896 en momentos en que se aclaraba una situación confusa de la moneda fraccionaria, se crea específicamente el nombre locha, por fusión de artículo con ochava, lochava, y con apócope, locha. (PEDRO GRASES).

Algunas fuentes erróneas pretendieron en el pasado darle a la locha un sentido zoomórfico al igual que a la morocota que deriva su nombre de un pez de agua dulce con forma redonda y de color cobrizo, la etimología propuesta por JULIO CALCAÑO (El castellano en Venezuela, Caracas, 1897), al querer derivar locha del inglés loach, nombre de pez, que en Norteamérica no ha servido nunca para designar moneda alguna. Igualmente el Profesor Calcaño buscó la similitud con el francés loche, que designa al pescado Cobitus barbilatus.

Probablemente le indujo a ello los “Apuntes del lenguaje bogotano”, de R. J. CUERVO, donde habla de locho, loches o soches, especie de ciervos de pelo colorado y muy lustroso, denominación llevada por la semejanza de color, pero que no tiene que ver con nuestra locha.

La locha fue utilizada por nuestra sociedad por casi 80 años, si más no recuerdo en la primera mitad de la década de los años setenta del siglo XX aun se veía, claro con muy poca aceptación del público. Era muy curioso ya que dos lochas formaban una moneda de 0,25 céntimos, pero muchos comerciantes no lo aceptaban como tal y exigían 3 monedas de centavo y una locha, siempre se quedaban con 5 céntimos. Muchas veces lo viví y no entiendo este criterio compuesto de tanta usura. Durante el año de 1896, en el gobierno de Joaquín Crespo, se elaboraron en Berlín las primeras monedas de lochas. La cantidad que se acuño fue de 6.000.000 y lo curioso, al
igual que la locha de 2 ½, es que es casi imposible de conseguir; las que se logran encontrar están muy deterioradas y los costos de las que están en buenas condiciones son elevados. Para los años de 1925, 1927, 1928, en el gobierno del General Juan Vicente Gómez, se acuñan más lochas, siendo Filadelfia la ciudad que es la encargada de la elaboración de las mismas. Igualmente entre 1936 y 1938 durante el periodo presidencial del general Eleazar López Contreras, de nuevo el cuño de Filadelfia acuña nuevas monedas de 12 ½ céntimos.

En todos los casos anteriores las monedas acuñadas son de níquel, siendo este material mucho más duradero que otros que se ofrecieron a los gobiernos que mandaron a elaborar las lochas. El cambio de material se sucede en 1944 durante el gobierno del General Isaías Medina Angarita, que viene a ser latón y así tiene un color amarillo al igual que su hermana la moneda de 5 céntimos de ese mismo año, estas monedas fueron hechas en el cuño de Denver.

En los años de 1945 y 1946, periodo de la junta revolucionaria, y 1948 del gobierno del escritor Rómulo Gallegos, es de nuevo Filadelfia la sede para la elaboración de las lochas. La última locha que circuló en Venezuela fue la de 1958 acuñada en la ciudad de Filadelfia y fue nuevamente una junta de gobierno quien la mando a elaborar. Dicha locha se mantuvo por muchos años, y como anteriormente relaté hasta casi la mitad de la década de los años 70 del siglo XX.

Para finales de los años sesenta el gobierno del presidente Raúl Leoni, por medio de decreto del 01- 12- 1969, se ordena la acuñación de las que serían en realidad las últimas lochas venezolanas, de 1969, las cuales se acuñaron 2.000.000 de piezas y fueron hechas en el cuño de Madrid. Por razones muy variadas dicha moneda, llegó al país pero nunca fue puesta en circulación.

La locha del 1969 es una moneda que ha creado una polémica en cuanto a que pasó a ser pieza única e infaltable en la colección de cualquier numismático, tanto de grandes recursos como de pocos recursos. Esta moneda fue puesta a la venta en el año 2001, por primera vez y algunas personas la adquirieron para su colección personal y otros para lotes de reventa.

De ese momento en adelante empieza el caos ya que la especulación tomó el poder. A finales del año 2009, nuevamente el Banco Central de Venezuela puso a la disposición del público en general la venta de la locha de 1969, y otra vez se generaron problemas y especulación de parte de las personas que adquirieron más de una pieza. Este tipo de ventas se deben hacer de una forma regulada y con igual cantidad de oportunidades para todos, para que todos los que deseen tengan de las piezas más codiciadas de la numismática.

En el cuaderno numismático número 6, con fecha del año 2001, en un análisis de la locha, el muy renombrado experto en numismática Venezolana Tomas Stohr da un análisis
completo sobre la lacha de 1969. De todas las monedas contemporáneas de bajo valor facial, la locha de 1969 es, sin duda, la más polémica. Su acuñación se basó en el decreto del 1-12-1969 del Congreso, reafirmado por otro del ejecutivo del 30 del mismo mes. Ambos instrumentos legales estaban basados en la ley de monedas vigente para entonces de fecha 17-2-1954, que en sus artículos 3, 7, 11, y 13 se refería a esas piezas. La contratación de las lochas de 1969 se realizó en 1970, y también fue el año de la llegada de las primeras piezas; la cantidad encargada fue de dos millones con un valor facial de Bs. 250.000.

La falta de uso para ese momento por parte del público de cualquier tipo de locha, combinado con su complicado valor facial, su posible confusión con monedas de Bs.1 de níquel, así como su difícil manejo, determinaron que las lochas de 1969 nunca fueran puestas en circulación. En consecuencia el inventario de dos millones de esas piezas fue depositado en las bóvedas del Banco Central de Venezuela.

Sin embargo, enseguida de su fabricación aparecieron en el ambiente numismático venezolano algunas piezas, cotizándose a buen precio dentro de los coleccionistas, debido a su escasez y el buen valor adquisitivo del bolívar para ese momento. Con el tiempo surgieron más piezas, debido en parte a la fuerte demanda por parte de los coleccionistas tanto nacionales como extranjeros; así, que para la fecha de 1970 siempre se trató de una pieza rara, cuyo costo oscilaba entre 150 a 300 dólares US.
Alrededor del año de 1985 apareció un nuevo lote de lochas de 1969, pero ya las circunstancias eran diferentes. La moneda nacional había sufrido una fuerte devaluación y esa relativa abundancia de estas lochas hizo descender el precio, el cual oscilaba entre 120 y 150 dólares US. Finalmente en los últimos años de la década de los noventa, el precio se estabilizo a 100 dólares US.

Ante las repetidas insinuaciones que tal abundancia de lochas de 1969 tenían que provenir de las guardadas en el Banco Central de Venezuela, versión totalmente falsa, vale la pena reflexionar acerca de la procedencia de tales monedas. Como el caso de cualquier encargo de fabricación de monedas por parte del gobierno nacional, una vez terminadas las transacciones legales y contractuales se procedió a la preparación de algunas piezas para su presentación al Ministerio de Hacienda (para la época la entidad del ejecutivo legalmente encargada de la acuñación de acuerdo al artículo 14 de la ley de monedas del 17-2-1954 y al Banco central de Venezuela para su consulta estipulada en la misma ley).

La casa acuñadora de la locha de 1969, la Fábrica de Moneda y Timbre de España según el contrato de 1970, procedió a enviar sendos lotes de monedas a dos dependencias. En el Ministerio de Hacienda, al que llegaron 100 piezas, se procedió a los ensayos respectivos encontrándose las piezas conforme a lo estipulado en las leyes y en el contrato. De modo similar, las piezas enviadas al Banco Central de Venezuela fueron revisadas y aprobadas por el directorio de esa institución. De alguna forma las piezas sobrantes de esos envíos, una vez cumplidos sus propósitos, encontraron el camino al público deseoso de poseer un ejemplar de esa moneda tan interesante.

Cerca de 15 años después aparecieron en Caracas una cantidad de lochas de 1969, difícil de determinar. Para esa fecha y ante la abundancia de la oferta, el valor de un ejemplar se cotizó inicialmente en 50 dólares US., que con el tiempo, se estabilizó en 100 dólares US. Tales piezas todas en perfectas condiciones provenían sin duda, de la propia casa de moneda, ya que llegaron a Venezuela desde España. En esa época esa institución sufrió de la extracción, sin autorización, de algunas monedas del inventario. En el caso de las monedas españolas ese proceder irregular llegó a la justicia y culminó en una condena.

Finalmente en el año 2001, previa desmonetización, el Banco Central de Venezuela decidió la venta como piezas numismáticas de un lote limitado de lochas de 1969, que había en la bóveda, para satisfacer la demanda del público y de los coleccionistas, actividad que aún está en proceso. Lo notorio acerca de esas cuatro fuentes de lochas de 1969 es que no todos los diseños son completamente iguales, en todos los casos se presentan pequeñas variaciones. Para el año 2007 con la nueva reconversión monetaria, la Casa de moneda de Venezuela acuñó una moneda de 12 ½ céntimos; esta moneda no puede recibir en mi opinión el nombre de locha ya que fue creada más que todo como un capricho y tratando de rememorar tiempos pasados que no volverán. La locha en sí tiene una connotación y una inspiración casi romántica para los pocos que la utilizamos en el pasado y es parte de una Venezuela llena de esperanzas que pasó por muchos traumas, y triunfos económicos, sociales y políticos. Fue una moneda que utilizó el pueblo en general y más que todo, los desposeídos. En muchas casas Venezolanas aún perduran en las más recónditas esquinas y oscuros pasillos latas llenas de monedas en las que revisando con mucho cuidado se encontrará una o dos lochas, y quizás entre estas se encuentre una de las piezas a las cuales he hecho referencia, y, si está alguien de mucha edad le preguntaremos ¿qué es esta moneda abuelo? Y él empiece a narrar alguna compra que realizó cuando niño con ella.

Un morocho era un helado producto de las industrias EFE y con 25 céntimos de bolívar se podían adquirir dos a 12 ½ céntimos cada uno. Era una forma de compartir una golosina para un niño de escasos recursos con otro; una conserva podía costar también una locha. La locha era el cuartillo que faltaba en la bodega, en la frutería, en la carnicería de las zonas populares de nuestras ciudades y pueblos. Eran las más utilizadas y es como casi única en l mundo de la numismática nacional, pero antes de ser piezas de colección fueron parte de nuestra Nación, de nuestros orígenes, de todos nosotros. La locha será única por siempre y para siempre.