¿Qué es un BIEN INFERIOR y por qué están DE MODA EN VENEZUELA?


 
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Cuando aumenta el ingreso de los consumidores aumenta también el consumo de ciertos bienes y servicios, a éstos se les conoce como BIENES NORMALES (ya que su consumo en relación al ingreso cumple con la Ley de la Demanda).

Hay sin embargo otros bienes cuyo consumo presenta un comportamiento peculiar en relación a la renta de las familias (no cumplen con la Ley de la Demanda) llamados BIENES INFERIORES.

Pensemos en un bien cuya compra disminuye en la medida que a nuestro hogar llega más dinero, que mejoremos nuestra posición económica. Un ejemplo clásico son los enlatados, como las sardinas. Hemos sido testigos que cuando los ingresos familiares se incrementan y se puede comenzar a incluir con más frecuencia carne o pescado fresco en la dieta, el consumo de estos productos disminuye, es decir, se comporta como un bien inferior. Sin embargo en bueno que tengamos en cuenta que la idea de inferioridad del bien está en relación únicamente a que comienza a ser sustituido por otros bienes más apetecibles y de los cuales se había prescindido, no por gusto, si no por la necesidad de ajustarse a un presupuesto limitado. En ningún momento es un calificativo peyorativo o que haga referencia a la calidad de estos bienes, los cuales en sí mismos pueden ser excelentes.

El consumo de ambos bienes, normales e inferiores, tienen un comportamiento divergente en relación al ingreso del consumidor, y el mismo se da tanto si la renta aumenta como si disminuye.

Si aumenta el dinero disponible para el consumo (mejora nuestra posición económica):
La demanda de los bienes normales aumenta.
La demanda de los bienes inferiores disminuye.

Si disminuye el dinero disponible para el consumo (empeora nuestra posición económica):
La demanda de los bienes normales disminuye.
La demanda de los bienes inferiores aumenta.


Algunos otros ejemplos de bienes normales e inferiores:

El uso del transporte público disminuye cuando mejoramos en nuestra economía ya que eventualmente podríamos comprar nuestro propio automóvil, siendo claramente un bien inferior los viajes en el bus. Mientras que las cenas en restaurantes, la educación y la salud privada, asistir a gimnasios y salones de belleza, el consumo de alimentos exóticos, entre otros, aumentan con una mayor renta familiar, por lo que se comportan como bienes normales.

Cuando dejamos de percibir ingresos suficientes, porque quedamos desempleados, por ejemplo, los bienes inferiores comenzarán a ser parte de nuestra vida diaria. Las frutas criollas y de temporada sustituirán a las manzanas y las uvas, traídas del exterior. Compraremos las películas para verlas en casa, o las veremos por Youtube, sacrificando las salidas al cine. La playa y la montaña dejarán de ser un destino de fin de semana, aumentando las visitas a los parques y las plazas públicas en busca del necesario esparcimiento.


Los bienes inferiores y la crisis venezolana

La calificación de los bienes en normales o inferiores se da en relación al comportamiento de la demanda de los mismos en relación al ingreso del consumidor. La renta familiar puede provenir de fuentes propias, cuando se tiene una empresa, o de un tercero cuando dependemos de un salario para proveer al hogar.
En el segundo caso, cuando somos empleados por un patrón que nos paga por nuestro trabajo, el ingreso familiar puede disminuir por dos motivos:
1.- Si nos despiden, quedaremos obviamente privados de esa entrada de dinero.
2.- Producto de la inflación. La cual causa una pérdida del ingreso en términos reales, es decir, que con la misma cantidad de dinero podremos comprar menos bienes y servicios.

Venezuela ha presentado altísimas tasas de inflación desde el año 2013 hasta la fecha, con el agravante que la misma ha sido creciente y no se vislumbra solución ni siquiera para el venidero año 2017.
El comportamiento de esta variable en nuestro país ha sido como sigue:
56,2 % en el año 2013.
68,5 % en el año 2014.
180,9 % en el año 2015.
Y el Fondo Monetario Internacional (FMI) estima que este 2016 cerrará en torno al 720 %.

Es decir, el incremento de precios en Venezuela es: Alto, persistente y creciente. Por lo que ha impactado en el poder de compra de los presupuestos familiares provocando la disminución del ingreso real.

Por este motivo, principalmente, se ha observado un aumento del consumo de bienes inferiores en nuestro país. Ya son menos frecuentes las salidas en familia al cine, los restaurantes y la playa; el consumo de licores finos ha descendido (en una oportunidad fuimos los mayores consumidores per capita de whiskey del mundo); hemos dejado de solicitar un taxi a no ser que realmente lo necesitemos.

En cambio, ha aumentado, muchas veces en perjuicio de la sana nutrición de niños y adultos, el consumo de alimentos poco nutritivos como las harinas y los carbohidratos simples, cuando se consiguen (el desabastecimiento se combina con la inflación para empeorar el panorama). La demanda de frutas se limita a aquellas que por la estacionalidad se encuentren a menor precio, al igual que las verduras y hortalizas. El entretenimiento en casa ha aumentado: la televisión, el Internet y las películas en video han sustituido otras opciones de esparcimiento familiar (no sólo por la baja renta si no también la inseguridad, otra de las plagas que azota al país). La educación y la salud públicas han visto aumentar su demanda, pero sin embargo no han podido dar respuesta a los usuarios tanto en calidad como en cantidad.


Venezuela atraviesa una crisis económica muy grave, la peor de su historia, la cual ha modificado los patrones de consumo de las familias. Nadie, en absoluto, está a salvo de los efectos ruinosos de la situación que atravesamos. Historias hay muchas, quizá el lector pueda contarnos alguna. Todos hemos sido tocados de alguna manera y cuando finalmente veamos una luz al final del túnel, saldremos de la obscuridad sin ser los mismos… ¿Seremos mejores?


NOTA: Agradecemos la colaboración de éste artículo al Econ. Héctor Jiménez, @13CarpeDiem13

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