TRUEQUE ONLINE. De política de Estado a medio de supervivencia en Venezuela


 
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El regreso del trueque

A partir del año 2006, por decisión del entonces presidente Hugo Chávez, se trató de implementar en Venezuela el trueque como “sistema alternativo de intercambio solidario”, que complementara al mercado y permitiera la compraventa de bienes y servicios sin la intervención del dinero convencional. Auspiciando, con preferencia, la participación de sectores vulnerables económicamente, como desempleados, amas de casa, pequeños productores y prestadores de servicios. El único requisito para participar era tener algún producto o servicio que ofrecer en permuta en las llamadas “Ferias de Trueke”, espacios organizados por el gobierno para propiciar este mecanismo alternativo de comercio sin dinero (Ver artículo: http://www.monedasdevenezuela.net/articulos/el-trueque-en-venezuela/).

Esta iniciativa, a pesar del impulso inicial dado por el deseo del ex presidente Hugo Chávez de que se concretara y masificara, quedó en el olvido a partir del año 2013, con la llegada al poder de Nicolás Maduro.

Sin embargo y paradójicamente, el trueque está de vuelta en Venezuela. Pero ahora no impulsado por los burócratas del régimen, sino nacido espontáneamente, como hijo de la crisis económica, social y política que atraviesa nuestro país desde hace ya varios años, crisis agudizada con Nicolás Maduro como primer mandatario. Sólo que actualmente los venezolanos no concurren a una “Feria de Trueke”, sino que lo hacen con la libertad y la irreverencia que permiten las nuevas tecnologías de la información y comunicación. El ciberespacio es el ágora donde asisten los ciudadanos en su desesperada búsqueda de los bienes de primera necesidad (alimentos, medicinas, artículos de aseo personal), desaparecidos del mercado formal, debido al desabastecimiento originado en los controles de precios y a la casi desaparición de las empresas nacionales, las cuales no han podido sobrevivir a las erradas políticas económicas implementadas por el Poder Ejecutivo, muchas de ellas premeditadamente contrarias a la propiedad privada y al mercado como mecanismo de asignación de recursos.

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Navegando la crisis

Whatsapp, Facebook, Tuiter e Instagram, son las aplicaciones informáticas y redes sociales de la Web 2.0 (sitios web que facilitan el intercambio de información, la participación en la elaboración de contenido y la interacción de los usuarios entre sí), que han auxiliado a los venezolanos en su lucha por abastecerse de lo más indispensable para la subsistencia.

Al principio fue Whatsapp, la aplicación de mensajería instantánea a través de teléfonos inteligentes, mediante la cual los usuarios creaban grupos de familiares y amigos para “pasarse el dato” de en qué supermercado había llegado algún producto escaso. Luego, en esos mismos grupos se pactaban canjes entre los participantes que habían logrado comprar algún artículo, eso sí, después de haber invertido algunas horas en la “cola” respectiva.

Al agravarse el desabastecimiento, los grupos cerrados y de íntimos de Whatsapp dieron paso a las redes sociales como mecanismos de información y búsqueda de provisiones. Especialmente Facebook, la más usada en Venezuela (según la firma Tendencias Digitales, 9 de cada 10 venezolanos tienen una cuenta en este sitio web). Su alcance superior permite la interacción con un mayor número de participantes en los grupos y con un mayor rango geográfico. Pasando así a intercambiar información no solamente con familiares, vecinos y amigos, si no con cualquiera que participe en el grupo respectivo, inclusive desconocidos y personas de otras localidades. En menor medida los venezolanos usan tuiter e Instagram para el intercambio de mercancías escasas, ya que su interfaz, configuración y atributos son menos propicios para abastecer las despensas, aunque no dejan de aparecer mensajes en ellos, haciendo la respectiva oferta de un bien por otro.

Al fenómeno del trueque virtual ha contribuido en mucho la afición de nuestros compatriotas por los smartphones y las redes sociales. Para 2014, según estudio de la organización Pew Research Center, nuestro país ocupaba el segundo lugar entre 32 países emergentes y en desarrollo en cuanto a número de usuarios de teléfonos inteligentes, detrás de Chile con un 58 %, estaba Venezuela, con un 39 %. Por otra parte, el mismo estudio nos ubica como el país latinoamericano que más usa las redes sociales con un 88 %. Esto sin importar que nuestra velocidad de conexión a Internet sea de las peores “DEL MUNDO TODO”, como diría el otro. Según un estudio realizado por Tendencias Digitales y publicado este mismo año 2016, Venezuela se ubica en el penúltimo lugar (supera sólo a Guatemala) con menos del 60% de penetración de Internet, lo cual desmiente la afirmación de que es lento porque “mucha gente lo usa” de Jacqueline Faría, presidenta de Movilnet. Mientras que la velocidad de navegación declarada por los usuarios es poco más de 2MB, cuando el promedio regional se ubica en 5MB, quedándonos también antes del último lugar en este aspecto.


Componente ético del trueque en las redes sociales

Esta forma de procurar los bienes de primera necesidad es una manera de escapar del llamado “bachaqueo” (mercado negro), es decir, la reventa de productos comprados a precios regulados, solicitando por ellos montos muy superiores a los “precios justos”, fijados por el gobierno. Quienes participan de los grupos de intercambio, procuran no ser parte del mercado negro, ni comprando ni vendiendo, ya que la figura del “bachaquero” está asociada en el imaginario colectivo de la crisis como el de un aprovechador sin escrúpulos que se beneficia de las necesidades de sus compatriotas.

Los productos regulados, todos los de primera necesidad, han desaparecido de los supermercados. Son vendidos esporádicamente y cuando eso sucede se forman grandes filas de personas que esperan tener la suerte de adquirirlos. Cualquier producto de estas características que se venda es comprado por los consumidores aunque no lo necesiten en el momento, pues luego constituye “moneda de cambio” por otro bien más necesario.

La razón por la que no se vende si no que se cambia es que no existe un criterio para colocar un precio razonable al producto. Por una parte está regulado por el gobierno y en teoría es un delito venderlo a otro precio, por otra el poseedor de cualquiera de estas mercancías debió invertir horas de su tiempo en conseguirlo, por lo que un precio adicional, que reconozca ese esfuerzo, sería lógico. También es difícil valorar el producto a precios internacionales cuando existen dos tasas de cambio oficiales y una paralela. Además, la altas tasas de inflación, que el Fondo Monetario Internacional presagia en más de 700 % para 2016, hace que los bolívares que reciba hoy por un producto, no me permita comprar el que necesito mañana. En suma, el sistema de precios en Venezuela está desquiciado y por ende se ha recurrido a su antecesor en el comercio, el trueque, para los intercambios de mercancías.

Hay un componente ético en preferir el trueque a pedir por un producto un precio en dinero que podría parecer exagerado, sobre todo tratándose de medicinas o formulas lácteas para bebés. De hecho, muchos grupos del “Face” prohíben terminantemente vender los artículos con precios controlados y medicinas, para evitar que el “bachaqueo” pase de las calles a la web.

Sin embargo, hay detalles que corregir, existen personas que buscan hacer cambios paritarios de las mercancías, basándose en los precios del mercado negro, lo cual desdice de la solidaridad necesaria entre hermanos en estos momentos tan difíciles. Así, sí dos productos cuyos precios regulados son iguales, pero los “bachaqueros” los valoran diferente, digamos 3 a 1, pretender canjearlos en la misma proporción no sería correcto en una red de trueque. En este sentido los administradores de los grupos pueden contribuir a moderar estas conductas abusivas. Otro elemento a considerar es que hay personas fuera del sistema, los mayores de edad, los más pobres, los que no tienen acceso a Internet o los que ni siquiera tienen un teléfono inteligente, quienes quedarían a merced de los revendedores.


Venezuela invertebrada

La aparición de estos mecanismos de intercambio es sólo el síntoma de un sistema económico gravemente deteriorado donde el mercado ha dejado de funcionar y no puede establecer precios que se correspondan con los costos y el valor de las mercancías. Debido al intervencionismo estatal, el cual condujo a la casi desaparición de la industria nacional y que además administra el mercado cambiario caprichosamente, controlando lo que se importa y quien lo hace, ha mermado la oferta de bienes y servicios en la economía.

Quizá los venezolanos hayan hecho uso de las redes sociales debido a la falta de capital social (variable que mide la colaboración entre los diferentes grupos de un colectivo humano) que caracteriza a las grandes ciudades de nuestro país. El ciberespacio propicia el anonimato, la libertad y la autonomía, para interactuar con otros compatriotas sin necesidad de organizaciones o líderes.

¿Será este momento, quizá el más difícil de nuestra historia, la oportunidad de tender puentes entre nosotros, ayudados por las nuevas tecnologías, para de esa manera volver a pensar un país habitado por paisanos, que rían y lloren por las mismas causas?


NOTA: Agradecemos la colaboración de éste artículo al Econ. Héctor Jiménez, @13CarpeDiem13

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